Los zumos de frutas se asocian con diabetes, obesidad y baja estatura

Zumos envasados

Desde que empezó el boom de la “alimentación sana”, las dietas bajas en grasa, las pirámides nutricionales y los productos light, la gente no ha dejado de engordar, el cáncer no ha dejado de crecer, la diabetes va camino de duplicarse, la obesidad sigue imparable y las enfermedades cardíacas siguen batiendo records año tras año. Se calcula que en los próximos 20 años, la incidencia de diabetes se duplicará hasta alcanzar los 700 millones de afectados, según informes de la OMS. Lucas Tafur de Nutrición Evolutiva empezó a seguirle la pista a los zumos y encontró varios estudios preocupantes, donde consistentemente se asocia el consumo de zumos de frutas a síndrome metabólico, diabetes y obesidad. Incluso hay estudios que han relacionado la cantidad consumida de zumos de frutas con baja estatura en niños de 2 y 5 años. Detrás de los anuncios de vitaminas y antioxidantes, de las siluetas de mujeres delgadas, los 0%, los light, y los trocitos de fruta pintados, se esconde la verdadera historia, que por supuesto, el neuromárketing despiadado de las empresas trata de ocultarte. ¿Coincide el bombardeo de “alimentación sana”, las recomendaciones institucionales y gubernamentales con una reducción del gasto sanitario, de las enfermedades y de la mortalidad? ¿O todo lo contrario…?

Carbohidratos y el fraude de las pirámides nutricionales gubernamentales

Cualquier mercado desafortunadamente va a seguir una premisa: mayor beneficio con el menor coste posible. La multimillonaria industria alimentaria, mucho mayor que la farmacéutica y de la que poca gente habla, no es diferente, y lo que venden como consejos para tu salud, solo son maniobras de propaganda para que consumas productos que dejan grandes márgenes de beneficio. Durante la etapa de Nixon, encontraron la manera de optimizar recursos económicos, promoviendo los cultivos más baratos en términos de rendimiento calórico por hectárea de cultivo. Y los cultivos más baratos son aquellos basados en granos como el trigo, la soja o el maíz.

Pronto comenzaron a subvencionar dichos cultivos y con ello cambió la alimentación de los animales (de los pastos a las semillas baratas de soja o maíz). La leche, la carne o los huevos comenzaron a cambiar su perfil lipídico: de altos valores en ácidos grasos saludables como el omega 3 y CLA, a valores casi insignificantes de los mismos y excesivos de omega 6, un ácido graso proinflamatorio, asociado a la rigidez y falta de permeabilidad de las membranas celulares. Por este motivo, aunque no quisieras ni lo supieras, de forma indirecta has estado alimentándote de ácidos grasos dañinos. Industrialmente empezaron a utilizarse en masa los aceites vegetales baratos provenientes de el maíz, la soja y otras fuentes vegetales baratas, altas en omega 6. Posteriormente sólo fue cuestión de crear una pirámide alimenticia para convencer a la gente de que debía sustituir las grasas por los hidratos de carbono, usar aceites vegetales, hartarse a pan y cereales. ¡Y voilá! Una epidemia mundial de diabetes, cáncer, ataques al corazón, y otras enfermedades crónicas que avanzan de forma exponencial. ¿Cui prodest?

Zumos embotellados

Carbohidratos, insulina y desórdenes crónicos metabólico

La insulina es la hormona encargada de transportar el azúcar de la sangre al interior de las células. El consumo elevado de carbohidratos lleva a una sobreproducción crónica de insulina, resistencia a la misma, inflamación y estrés oxidativo crónico [1-3]. Ante esta sobreproducción de insulina, las células se habituan y se desensibilizan regulando a la baja los receptores insulinodependientes de sus membranas, necesitándose cada vez más insulina para captar el azúcar de la sangre y meterlo en las células donde se almacena o se quema para obtener energía. A partir de la insensibilidad a la insulina, el azúcar permanece más tiempo en sangre y se produce una condición llamada hiperglicemia. Como el azúcar no ha alcanzado su destino final (las células), la sensación de hambre no desaparece y el consumo de comida aumenta. El exceso de insulina crea una disrupción en la retroalimentación de los sistemas hormonales, estimula la adiposidad y la liberación de citoquinas proinflamatorias. La hiperinsulinemia se ha relacionado también con presión arterial elevada, aumento de las VLDL y disminución del HDL (colesterol “bueno”), formación de aterosclerosis y con isquemia cardíaca [4]. Todo esto desemboca en lo que se conoce como síndrome metabólico (hipertrigliceridemia, hipertensión [5], disminución HDL, hiperinsulinemia [6], hiperglicemia, riesgo aumentado de desarrollar algunos tipos de cáncer [7] y enfermedad coronaria [12], obesidad [8]…) y finalmente, diabetes establecida [9-12].

El azúcar en sangre por su parte es altamente tóxico, genera una sobreproducción de especies reactivas de oxígeno (ROS) y desencadena un proceso en las células con las que va entrando en contacto llamado glicación (adherencia de la glucosa provocando disfunción en las proteínas de las células con las que reacciona). Este proceso ocurre con las proteínas que transportan el colesterol, con las proteínas que forman los nervios, con aquellas que forman los glomérulos de los riñones, con las que forman el cristalino de los ojos, etc. La sangre se espesa por la formación de hemoglobina glicosilada y los pequeños capilares se obstruyen provocando anoxia en las células. La glicosilación de proteínas también afecta a las placas de ateroma, que crecen por adherencia con estas. La fructosa glicosila hemoglobina aún más rápido que la glucosa [13]. Como consecuencia obtenemos los problemas frecuentes en diabéticos: pérdida de visión, cardiopatías, neuropatías, complicaciones vasculares, etc. Las personas con diabetes tienen hasta un riesgo 800% mayor de padecer un ataque al corazón según se desprende de estudios en distintas cohortes.

A pesar del aspecto inofensivo y saludable, consumir trigo o harinas es prácticamente lo mismo que consumir azúcar. Además de los carbohidratos, los ácidos grasos como el omega 6 presente en nuestra dieta de forma masiva, aumentan la rigidez de las membranas de las células, haciéndolas menos permeables a la glucosa y a otros nutrientes, que es otro añadido más para desarrollar resistencia a la insulina y disfunción celular. Estos ácidos grasos son proinflamatorios a través del metabolismo de eicosanoides a partir de ácido araquidónico. Los ácidos grasos poliinsaturados son muy inestables y se oxidan rápidamente con el calor, creando subproductos altamente tóxicos durante la cocción y aún peor, con la manipulación industrial de la comida procesada.

Bifrutas tropical sin azúcar

Zumos: azúcar, fructosa y edulcorantes

La mayor parte del azúcar de la fruta (fructosa) que ingerimos proviene de los refrescos y los zumos [14]. La fructosa es un monosacárido como la glucosa que se usa por su bajo coste y por tener mayor capacidad endulzante que esta última (sobre todo acompañada de edulcorantes). Al ser menos insulinogénica que la glucosa (unas cuatro veces menos), se usó como sustituto de esta, como una posible alternativa más saludable. Sin embargo, los índices glucémicos o las cargas glucémicas no son medidas muy precisas del impacto metabólico de los carbohidratos. En 1991, Sullivan comparó el efecto de complementar el desayuno con un zumo de naranja o un refresco azucarado (Cocacola). Encontró que ambos aumentaban la glicemia de forma similar, poniendo en duda la conveniencia de recomendar el consumo de zumos de frutas debido a que contribuyen al aumento de la glicemia [15]. Metabólicamente la fructosa causa un aumento rápido de los niveles de ácido úrico, aumenta el nivel de colesterol LDL [16] y disminuye los niveles de óxido nítrico (neurotransmisor que regula la dilatación endotelial), provocando rigidez, y quedando los capilares progresivamente sin aporte sanguíneo y las células que dependen de ellos sin suministro, lo que se traduce de nuevo en una disfunción en la oxigenación. La fructosa produce una sobreproducción de triglicéridos, por encima de la glucosa [17]. Además se asocia a menor saciedad y mayor lipogénesis que otros azúcares. Epidemiológicamente el aumento en el consumo de fructosa se correlaciona con un aumento del síndrome metabólico. En 2001, Hosseini Estefahani et al. observaron que la fructosa se correlaciona positivamente con mayor incidencia de diabetes entre la población que la consume [18]. La fructosa, a diferencia de la glucosa, se metaboliza enteramente en el hígado, lo que puede crear un sobreesfuerzo metabólico en este órgano. En 2010, Jung Sub Lim encontró mecanismos que relacionan la fructosa con el desarrollo de hígado graso y el síndrome metabólico [19].

Epidemiología

La razón por la que el zumo y no la fruta entera se asocia con diabetes y síndrome metabólico puede estar mediada por la falta de pulpa y fibra y algunos fitoquímicos disponibles en éstos, el estado líquido que acelera la digestión y la alta carga glucémica y transporte de fructosa.

  • En 1997, Dennison realizó un estudio transversal en 116 niños de 2 años de edad, y 107 niños de 5 años de edad. El consumo de más de 300 ml de zumo de fruta al día en niños pequeños se asocia a baja estatura (una media de 5 cm menos) y obesidad. [20]
  • En 2008, Bazzano et al. realizaron un seguimiento a casi 72.000 enfermeras durante 18 años, encontrando que aquellas que tomaban fruta en forma de zumo tenían mayor incidencia de diabetes. Sin embargo aquellas enfermeras que a lo largo de esas casi dos décadas tomaron fruta entera y vegetales de hojas verdes (espinacas, etc.) presentaban menor incidencia de diabetes. [21]
  • En 2009, Sartorelli en la Universidad de Sao Paulo en un estudio transversal halló asociación entre el consumo total de fructosa y la diabetes, y entre el consumo de zumos azucarados y el riesgo de diabetes. De nuevo: la fruta entera no se correlacionó con mayor riesgo de diabetes. [22]
  • En 2010, Odegaard en la Universidad de Minnesota: analizó el consumo de zumos en población china, y encontraron de nuevo una asociación entre mayor consumo de zumos y desarrollo de diabetes. [23]

Edulcorantes y diabetes

El estudio MESA en la Universidad de Texas concluye que el consumo de un refresco “light” al día se asocia a un aumento de un 36% del riesgo de síndrome metabólico y un aumento aún mayor del riesgo de desarrollar diabetes [24]. Las conclusiones preeliminares de la Conferencia de American Stroke Association 2011, han encontrado mayor riesgo de infarto entre los consumidores de edulcorantes que entre los consumidores de refrescos con azúcar, por lo que mucho ojo con las conclusiones precipitadas en torno a estas sustancias [25].

Merece la pena señalar que la recompensa neurológica ante el sabor dulce es incluso más potente que la de la cocaína en estudios realizados en ratas [26].

Zumos naturales recién exprimidos con su pulpa y fibra
El zumo mejor recién exprimido con toda su pulpa y fibra

Resumiendo

  • Deja de meterle el zumito en la mochila al nene y en general, dejad de cebar a los niños a todas horas. Gran parte de la culpa del incremento de las enfermedades crónicas y metabólicas son fruto del exceso de comida que a menudo las mamás y los papás le meten al niño: tómate la comida, tómate un zumo, luego tómate un postre y llévate otro zumo y un sándwich para el camino (no vaya a morir desfallecido). ¿Nos hemos vuelto locos?
  • Los azúcares añadidos a los zumos y a las bebidas (glucosa, jarabe de maíz, fructosa…) son otro añadido más a la lista de ingredientes tóxicos que incrementan aún más el riesgo de desarrollar diabetes o enfermedades cardíacas entre otras.
  • Los edulcorantes (de los zumos, refrescos y en general los productos light) podrían incrementar más que el azúcar el riesgo de infarto según las conclusiones preeliminares de un estudio (American Stroke Association’s International Stroke Conference 2011). Los edulcorantes se asocian además con síndrome metabólico, diabetes, y obesidad [27,28,29]. Esta última investigadora señala que por cada refresco light que se consume, se observa un aumento en la probabilidad de tener sobrepeso de un 65% en los años siguientes.
  • No te dejes engañar con el cuento de los “enriquecidos con”, “light” y demás propaganda. La industria alimentaria vive en un paraíso legal y se les permite hacer afirmaciones no demostradas e incluso fraudulentas sobre salud. Elige bien dónde te informas.
  • Aunque es más sana la fruta entera, si quieres disfrutar de un zumo de vez en cuando, mejor prepara un licuado a baja potencia con trozos de fruta en lugar de zumo líquido exprimido o al menos que sea un zumo exprimido pero con toda su pulpa y fibra sin colar.
  • Reduce el exceso de hidratos de carbono de la dieta: los bollos, el pan, las harinas, la pasta, los refrescos y los zumos, especialmente los empaquetados. Por supuesto: huye de la comida industrial, procesada y empaquetada, ricas en hidratos de carbono refinados y aceites vegetales baratos y tóxicos: todo lo que necesitas para crearte una diabetes.

 

Se necesitan pruebas de alto nivel para cambiar las recomendaciones, lo cual es irónico porque nunca tuvieron pruebas de alto nivel para establecerlas.

Dr. Walter Willet

Artículo original: Los zumos de frutas se asocian con diabetes, obesidad y baja estatura. Muscleblog (Alfonso Bordallo)

Referencias

  1. Hu FB, Malik VS. Sugar-sweetened beverages and risk of obesity and type 2 diabetes: epidemiologic evidence. Physiol Behav. 2010 Apr 26;100(1):47-54. doi: 10.1016/j.physbeh.2010.01.036. Epub 2010 Feb 6.
  2. Malik VS, Popkin BM, Bray GA, Després JP, Willett WC, Hu FB. Sugar-sweetened beverages and risk of metabolic syndrome and type 2 diabetes: a meta-analysis. Diabetes Care. 2010 Nov;33(11):2477-83. doi: 10.2337/dc10-1079. Epub 2010 Aug 6. [Full]
  3. Monnier L, Mas E, Ginet C, Michel F, Villon L, Cristol JP, Colette C. Activation of oxidative stress by acute glucose fluctuations compared with sustained chronic hyperglycemia in patients with type 2 diabetes. JAMA. 2006 Apr 12;295(14):1681-7. [Full]
  4. Haller H, Drab M, Luft FC. The role of hyperglycemia and hyperinsulinemia in the pathogenesis of diabetic angiopathy. Clin Nephrol. 1996 Oct;46(4):246-55.
  5. Bönner G. Hyperinsulinemia, insulin resistance, and hypertension. J Cardiovasc Pharmacol. 1994;24 Suppl 2:S39-49.
  6. Kelly CT, Mansoor J, Dohm GL, Chapman WH, Pender JR, Pories WJ. Hyperinsulinemic syndrome: the metabolic syndrome is broader than you think. Surgery. 2014 Aug;156(2):405-11. doi: 10.1016/j.surg.2014.04.028. Epub 2014 Jun 21.
  7. Hsu IR, Kim SP, Kabir M, Bergman RN. Metabolic syndrome, hyperinsulinemia, and cancer. Am J Clin Nutr. 2007 Sep;86(3):s867-71.
  8. Cusin I, Rohner-Jeanrenaud F, Terrettaz J, Jeanrenaud B. Hyperinsulinemia and its impact on obesity and insulin resistance. Int J Obes Relat Metab Disord. 1992 Dec;16 Suppl 4:S1-11.
  9. Aschner P. Metabolic syndrome as a risk factor for diabetes. Expert Rev Cardiovasc Ther. 2010 Mar;8(3):407-12. doi: 10.1586/erc.10.13.
  10. Wassink AM, Van Der Graaf Y, Soedamah-Muthu SS, Spiering W, Visseren FLj. Metabolic syndrome and incidence of type 2 diabetes in patients with manifest vascular disease. Diab Vasc Dis Res. 2008 Jun;5(2):114-22. doi: 10.3132/dvdr.2008.019.
  11. Li C, Hsieh MC, Chang SJ. Metabolic syndrome, diabetes, and hyperuricemia. Curr Opin Rheumatol. 2013 Mar;25(2):210-6. doi: 10.1097/BOR.0b013e32835d951e.
  12. Alexander CM, Landsman PB, Teutsch SM, Haffner SM; Third National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES III); National Cholesterol Education Program (NCEP). NCEP-defined metabolic syndrome, diabetes, and prevalence of coronary heart disease among NHANES III participants age 50 years and older. Diabetes. 2003 May;52(5):1210-4.
  13. Bunn HF, Higgins PJ. Reaction of monosaccharides with proteins: possible evolutionary significance. Science. 1981 Jul 10;213(4504):222-4.
  14. Vos MB, Kimmons JE, Gillespie C, Welsh J, Blanck HM. Dietary fructose consumption among US children and adults: the Third National Health and Nutrition Examination Survey. Medscape J Med. 2008 Jul 9;10(7):160.
  15. Sullivan MJ, Scott RL. Postprandial glycemic response to orange juice and nondiet cola: is there a difference? Diabetes Educ. 1991 Jul-Aug;17(4):274-8.
  16. Swanson JE, Laine DC, Thomas W, Bantle JP. Metabolic effects of dietary fructose in healthy subjects. Am J Clin Nutr. 1992 Apr;55(4):851-6.
  17. Bantle JP, Raatz SK, Thomas W, Georgopoulos A. Effects of dietary fructose on plasma lipids in healthy subjects. Am J Clin Nutr. 2000 Nov;72(5):1128-34.
  18. Firoozeh Hosseini-Esfahani, Zahra Bahadoran, Parvin Mirmiran, Somayeh Hosseinpour-Niazi , Farhad Hosseinpanah, and Fereidoun Azizi. Dietary fructose and risk of metabolic syndrome in adults: Tehran Lipid and Glucose study. Nutr Metab (Lond). 2011; 8: 50. Published online 2011 Jul 12. doi: 10.1186/1743-7075-8-50 PMCID: PMC3154855
  19. Jung Sub Lim, Michele Mietus-Snyder, Annie Valente, Jean-Marc Schwarz & Robert H. Lustig. The role of fructose in the pathogenesis of NAFLD and the metabolic syndrome. Nature Reviews Gastroenterology and Hepatology 7, 251-264 (May 2010) | doi:10.1038/nrgastro.2010.41
  20. Dennison BA1, Rockwell HL, Baker SL. Excess fruit juice consumption by preschool-aged children is associated with short stature and obesity. Pediatrics. 1997 Jan;99(1):15-22.
  21. Bazzano LA, Li TY, Joshipura KJ, Hu FB. Intake of fruit, vegetables, and fruit juices and risk of diabetes in women. Diabetes Care. 2008 Jul;31(7):1311-7. doi: 10.2337/dc08-0080. Epub 2008 Apr 4.
  22. Sartorelli DS, Franco LJ, Gimeno SG, Ferreira SR, Cardoso MA; Japanese-Brazilian Diabetes Study Group. Dietary fructose, fruits, fruit juices and glucose tolerance status in Japanese-Brazilians. Nutr Metab Cardiovasc Dis. 2009 Feb;19(2):77-83. doi: 10.1016/j.numecd.2008.04.004. Epub 2008 Aug 3.
  23. Odegaard AO, Koh WP, Arakawa K, Yu MC, Pereira MA. Soft drink and juice consumption and risk of physician-diagnosed incident type 2 diabetes: the Singapore Chinese Health Study. Am J Epidemiol. 2010 Mar 15;171(6):701-8. doi: 10.1093/aje/kwp452. Epub 2010 Feb 16.
  24. Nettleton JA, Lutsey PL, Wang Y, Lima JA, Michos ED, Jacobs DR Jr. Diet soda intake and risk of incident metabolic syndrome and type 2 diabetes in the Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis (MESA). Diabetes Care. 2009 Apr;32(4):688-94. doi: 10.2337/dc08-1799. Epub 2009 Jan 16.
  25. Adam M Bernstein, Lawrence de Koning, Alan J Flint, Kathryn M Rexrode, and Walter C Willett. Soda consumption and the risk of stroke in men and women. Am J Clin Nutr. 2012 May; 95(5): 1190–1199. Published online 2012 Apr 4. doi: 10.3945/ajcn.111.030205 PMCID: PMC3325840 [Full]
  26. Lenoir M, Serre F, Cantin L, Ahmed SH. Intense sweetness surpasses cocaine reward. PLoS One. 2007 Aug 1;2(8):e698.
  27. Malik VS, Schulze MB, Hu FB. Intake of sugar-sweetened beverages and weight gain: a systematic review. Am J Clin Nutr. 2006 Aug;84(2):274-88.
  28. Susan E. Swithers. Artificial sweeteners produce the counterintuitive effect of inducing metabolic derangements. Trends Endocrinol Metab. Author manuscript; available in PMC 2014 Sep 1. Published in final edited form as: Trends Endocrinol Metab. 2013 Sep; 24(9): 431–441. Published online 2013 Jul 10. doi: 10.1016/j.tem.2013.05.005 PMCID: PMC3772345 NIHMSID: NIHMS485548
  29. Fowler SP, Williams K, Resendez RG, Hunt KJ, Hazuda HP, Stern MP. Fueling the obesity epidemic? Artificially sweetened beverage use and long-term weight gain. Obesity (Silver Spring). 2008 Aug;16(8):1894-900. doi: 10.1038/oby.2008.284. Epub 2008 Jun 5.

Últimos comentarios

  1. Fátima

    Y al final… qué podemos comer? Sólo frutas y verduras llenas de pesticidas? Intento huir de todas las toxicidades y cada vez veo más imposible alimentarme realmente. Las carnes y los pescados otros alimentos tóxicos manipulados. Y nadie hace fuerza para que la industria alimentaria cambie.

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