Baby-led Weaning: Alimentos que es mejor no retrasar (Eloísa López)

Bebita comiendo melocotón

Una de las principales dudas de cualquier padre a la hora de iniciar la alimentación complementaria a demanda o baby-led weaning es el orden en el que dar los alimentos. El caso es que no hay evidencia científica suficiente que respalde comenzar por verduras, o por fruta, o por cereales, o mezclando alimentos de los diferentes grupos.

De hecho, en cada cultura se hace de manera diferentes y los “mandamientos” de un centro de salud difieren completamente de los de otro centro de salud de la misma localidad… ¡Incluso los pediatras de un mismo centro de salud muchas veces dan indicaciones diferentes para empezar!

Otra sorpresa que les aguarda a los padres que hablan conmigo sobre alimentación complementaria a demanda es cuando les digo que en realidad no es necesario retrasar la introducción de ningún alimento para evitar las alergias. Tal y como nos explica fenomenalmente el dietista-nutricionista Julio Basulto:

Si aplicamos la lógica, parece sensato retrasar la aparición de los alimentos potencialmente alergénicos en la dieta del bebé. Sin embargo, la lógica no siempre coincide con las pruebas científicas. En este caso, tal y como indican hoy las principales asociaciones de pediatría, y como confirmó en mayo de 2010 una revisión publicada en Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care [1], es innecesario demorar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos en bebés. De hecho, incluso podría ser contraproducente. Lo verdaderamente relevante es la progresión, es decir, hacerlo poco a poco (siempre a partir de los 6 meses de edad) para comprobar la tolerancia del bebé. Si al día siguiente de incorporar una novedad en su dieta, el niño sigue bien, adelante con otra.

Tortilla con cebolla, pimiento, aguacate y tomates cherry

¿También el huevo?

Pero ¿Y el huevo? ¿las fresas? ¿el melocotón? Pues el hecho de retrasar su introducción en la dieta del bebé no implica que vayamos a evitar la alergia, sino más bien al contrario. La Academia Americana de Pediatría recomendó en el año 2000 retrasar la introducción de alimentos potencialmetne alergénicos en bebés con riesgo de padecer alergia. Este consejo estaba basado en la opinión de expertos, ya que no existía evidencia científica al respecto… Y la recomendación destinada a bebés de alto riesgo (antecedentes familiares, enfermedades, etc.) se generalizó para todos los bebés [2].

En cambio, desde esta recomendación, se han ido acumulando estudios e investigaciones que han ido demostrando que el restraso de la introducción de estos alimentos no solo no es beneficioso, sino que incluso podría llegar a ser perjudicial [2]. Un buen ejemplo de ello es el gluten. Hace años se recomendaba retrasar su introducción hasta los 8 o 9 meses, pero después de la epidemia de celiaquía registrada en Suecia después de esta recomendación, se descubrió que era perjudicial y hoy en día se recomienda introducirlo a los seis meses y poco a poco. [3]

Un artículo de la Sociedad Pediátrica Canadiense resume muy bien la evidencia al respecto y menciona estudios que demuestran que la alergia a los cacahuetes se triplico en el Reino Unido durante el periodo en el que se recomendaba retrasar la introducción de este fruto seco en la dieta de los bebés [4]. Una investigación australiana concluyó que el retraso en la introducción del huevo incrementa las tasas de alergia frente a la introducción entre los 4 y los 6 meses de edad [5].

Con todos estos datos en la mano, la Academia Americana de Pediatría (que parece ser el espejo en el que se miran el resto de “patronales” del sector) estableció en sus recomendaciones de 2008 que no había evidencia convincente de que retrasar la introducción de alimentos sólidos (incluyendo cacahuete, huevo y pescado) más allá del periodo de 4 a 6 meses tuviese algún efecto protector frente a las alergias [2].

Bebé desastroso comiendo

¿Y entonces qué?

Lo cierto es que, ante la falta de evidencia, son los padres los que deben decidir qué alimentos dar y cuáles no dar a los bebés, siguiendo las pautas alimentarias de una dieta saludable y las costumbres familiares. Conviene recordar que la introducción de la alimentación complementaria se hace a los seis meses para completar el aporte de hierro al lactante, ya que se estima que es en este periodo cuando se comienzan a agotar las reservas del nacimiento [6,7].

Entonces, parece conveniente elegir los alimentos más ricos en hierro para iniciar la alimentación complementaria del bebé, como la carne o el huevo. Tampoco parecería demasiado conveniente retrasar el pescado hasta el año, cuando es una de las pocas fuentes de ácidos grasos omega 3 (sobre todo el pescado azul) que son tan necesarios para el correcto desarrollo del bebé (dichas grasas también están presentes en la leche materna, pero si la alimentación complementaria va sustituyendo poco a poco un porcentaje de la ingesta de leche materna sería necesario que existiera también un aporte adecuado de omega 3 también en la dieta sólida).

En esta guía sobre alimentación infantil tenéis un calendario orientativo para la introducción de los alimentos y algunos alimentos determinados que hay que evitar o retrasar lo más posible.

Bebé llorando

Reacciones adversas y métodos

Los alimentos, por tanto, deben introducirse paulatinamente y estando siempre atentos a una posible reacción adversa en el bebé. En cuanto a los sintomas de alerta, citamos de nuevo a Julio Basulto, que los explica a la perfección:

En la mayor parte de casos, los primeros síntomas de una alergia en la infancia aparecen o en la piel o en el tracto gastrointestinal, poco después de tomar determinados alimentos. En la piel se suele observar urticaria, bultos en la piel o enrojecimientos. En el sistema digestivo pueden aparecer edemas en labios, lengua, paladar o garganta (un edema es una hinchazón blanda, que cede a la presión), pero también vómitos, náuseas, dolor abdominal, diarrea e incluso, en ocasiones, heces con restos de sangre. […] Ante la duda, acude a tu pediatra: es importante un buen diagnóstico.

La mayoría de padres se quedará en un estado de shock prácticamente después de escuchar todo esto, ya que no tiene nada que ver con todo lo que han venido oyendo hasta entonces.

Es importante tener en cuenta también que las madres embarazadas o lactantes no deben llevar una dieta especial ni evitar ninguno de los alimentos potencialmente alergénicos. Los estudios al respecto son contradictorios y no llegan a unas conclusiones claras por lo que los expertos no recomiendan modificaciones dietarias de las madres.

Más allá de dietista-nutricionistas y de escuelas de pediatría. Cuando se “educa” a los padres para dar purés se les inculca la nula capacidad de decisión del bebé y es el experto (pediatra y/o enfermera pediátrica) y los padres los que deciden los alimentos que deben comer, en qué orden y las cantidades. Los padres a los que se les confía la importante misión de sentar los cimientos para una correcta alimentación de su retoño lo hacen con dedicación, pasión y entrega y si tienen que hacer el avión, el tren o la bicicleta para que su hijo se tome la cucharada de puré lo harán.

Entonces ¿Crees que la reacción alérgica será de iguales proporciones si embutimos al bebé con 250 ml de papilla salga el sol por donde salga y sin tener en cuenta sus signos de rechazo y saciedad que si dejamos que sea el bebé el que se autorregule y el que decida si quiere comer un alimento o no?

Las personas que tienen alergia suelen detectar que una comida contiene un alérgeno porque les pica en la boca. El bebé que aprende a detectar ese picor y lo acepta como lo que es (un síntoma de alarma) y normalmente, rechazará ese alimento espontáneamente. El padre que deja que su bebé tome la iniciativa verá que el pequeño ignora las fresas o el huevo en repetidas ocasiones y dejará de ofrecérselo. Así de simple es la diferencia entre un método u otro. Entre dejar que el bebé tome las riendas o dejar que otros decidan por él.

Y, ¿nosotros como aplicamos todo esto? Pues a la canadiense. El otro día Erik cumplió seis meses y lo celebramos ofreciéndole una rica tortilla francesa que cenamos en familia. ¡Llamadme inconsciente! 😛
– Eloísa López (autora del artículo original)

Atención: Debes comentar los detalles de la alimentación complementaria dirigida por el bebé con tu pediatra o enfermera pediátrica de confianza si en tu familia existen antecedentes de intolerancias, alergias alimentarias, problemas digestivos o si tienes cualquier otra duda sobre la salud o el desarrollo de tu hijo. Para más información adicional , visita Una maternidad diferenteBaby-led (en inglés), Rapley Weaning (en inglés) o lee “Baby-led Weaning, Helping your baby to love good food”, un libro (en inglés) de Gill Rapley y Tracey Murkett.

Artículo original: BLW: Alimentos que NO hay que retrasar (Eloísa López)

Referencias

  1. Michaelsen KF, Larnkjaer A, Lauritzen L, Mølgaard C. Science base of complementary feeding practice in infancy. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2010 May;13(3):277-83.
  2. David M. Fleischer. Early introduction of allergenic foods may prevent food allergy in children. AAP News (January 28, 2013) [PDF]
  3. Ivarsson A, Persson LA et al. Epidemic of coeliac disease in Swedish children. Acta Paediatr. 2000 Feb;89(2):165-71.
  4. Benetta Chin, Edmond S. Chan, and Ran D. Goldman. Early exposure to food and food allergy in children. Can Fam Physician. 2014 Apr; 60(4): 338-339. PMCID: PMC4046529 [PDF|PubMed]
  5. Koplin JJ, Osborne NJ et al. Can early introduction of egg prevent egg allergy in infants? A population-based study. J Allergy Clin Immunol. 2010 Oct;126(4):807-13. doi: 10.1016/j.jaci.2010.07.028.
  6. Baker RD, Greer FR; Committee on Nutrition American Academy of Pediatrics. Diagnosis and prevention of iron deficiency and iron-deficiency anemia in infants and young children (0-3 years of age). Pediatrics. 2010 Nov;126(5):1040-50. doi: 10.1542/peds.2010-2576. Epub 2010 Oct 5.
  7. Lerner NB, Sills R. Iron deficiency anemia. In: Kliegman RM, Stanton BF, Geme JSt, Schor N, Behrman RE, editors. Nelson Textbook of Pediatrics.19th edition. Philadelphia, Pa, USA: Elsevier Saunders; 2011. pp. 1655–1658.

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