La historia no contada del cáncer I: El sol, las cremas y la epidemia de melanomas

El sol fue uno de los primeros remedios terapéuticos descritos en la historia de la medicina. La helioterapia existía en las culturas griega y romana y fue prescrita por Galeno e Hipócrates. Más aún, el médico danés Niels Finsen recibió el Premio Nobel de Medicina en 1903 por documentar el efecto de la luz solar sobre la salud. La vida, la biología que nos rodea y todos los seres vivos desarrollaron su bioenergética y metabolismo celular y fisiológico en torno al sol y al oxígeno. Darwinianamente, es bastante difícil de asumir que el sol sea dañino, al igual que por ejemplo el oxígeno o el agua. Cuando salimos de África, nuestra piel se aclaró buscando desesperadamente el sol. Esto significa que existe una ventaja para la supervivencia para la especie de aquellos individuos que aclararon su piel, quienes dejaron descendencia, y no para los que continuaron con el fenotipo de piel oscura, característica que, precisamente, se extinguió. ¿Cómo ha pasado el sol de utilizarse como remedio terapéutico por el propio Hipócrates, a considerarse una amenaza para la vida?Chica broceándose con protector solarLa historia de la relación entre el sol y en cáncer en realidad no es difícil de definir. Se han montado campañas millonarias para promocionar el único problema de salud grave asociado al sol, el melanoma, mientras se están ignorando la infinidad de beneficios para la salud que aporta, incluido la mayoría de tipos de cáncer. Es decir, se ha puesto el acento en la mortalidad específica por un solo tipo de cáncer, y se ha obviado el efecto del sol en la mortalidad por cualquier causa.

Casi todos los casos de “cáncer de piel” son en realidad benignos, no invaden y no matan. Las estadísticas de cáncer de piel están siendo usadas para asustar, no para educar. Sam Shuster, Profesor Emérito de dermatología de la Universidad de Newcastle.

Cáncer de piel

La mayor parte del cáncer de piel es cáncer de piel no melanoma. La exposición al sol aumenta el riesgo de este tipo de cáncer, que se divide básicamente en carcinoma basocelular y carcinoma de células escamosas. La buena noticia es que la supervivencia al cáncer de piel no melanoma es mayor al 99,5%. Es un cáncer bastante común pero con una mortalidad muy baja: responsable de unas 1200 muertes en Estados Unidos. El melanoma por su parte es mucho menos común, aunque con una mortalidad notablemente más elevada: mata a unas 2000 personas en Reino Unido, 1500 en Australia y 9000 en EEUU. En España los datos sugieren al menos 700 muertes anuales. El sol aumenta el riesgo de cáncer de piel no melanoma. Sin embargo, la asociación entre sol y melanoma es algo menos claro.

Beneficios del sol

El sol está asociado a una disminución en la mortalidad por cáncer en general, incluido cáncer de próstata, cáncer de colon, cáncer de pulmón, cáncer de riñón, cáncer de mama, cáncer de vejiga, y otros [1,2,3,4,5,6,7,8]. Sólo el cáncer de colon mata a 100.000 americanos al año; el de mama 40.000. Investigadores de la Universidad de California San Diego estiman que se podrían prevenir 600.000 casos de cáncer de colon y mama anualmente con niveles adecuados de vitamina D [9,10]. Garland 2007 estima que con 1000 IU de vitamina D se reducirían en EEUU entre un 7 y un 9% los casos de cáncer, con un ahorro de 25.000 millones de dólares en tratamientos oncológicos, y 50.000 millones adicionales el resto de enfermedades. En Europa la reducción del cáncer lo calculan en un 20%.

Por otro lado, la enfermedad cardiovascular, asociada a la falta de sol y a la falta de vitamina D, produce 80 veces más muertes que el cáncer de piel en el Reino Unido [11]. En Estados Unidos y Reino Unido algunos cálculos sitúan entre 70.000 y 80.000 las personas que mueren prematuramente cada año por falta de sol y vitamina D [12]. Las personas con niveles de vitamina D más altos tienen un 250% menor incidencia de cardiopatías, pero también menor incidencia de diabetes tipo I y diabetes tipo II, artrosis, osteoporosis, fracturas, caídas, asma, alergias, infecciones respiratorias, artritis, fatiga, hipertensión, ciertas enfermedades neurológicas y menor mortalidad por cualquier causa [13,14,15,16,17]. Resulta curioso que un cáncer que es responsable de un 1,4% de las muertes por cáncer (Reino Unido) en el puesto 17 o 18 de cánceres mortales, sea por contra uno de los cánceres más publicitados.

La densidad ósea es el mayor predictor de mortalidad

En el año 2000 se documentaron algo más de 9 millones de fracturas osteoporóticas en el mundo (de fragilidad o bajo trauma), de las cuales más de 1,5 millones fueron fracturas de cadera. Para el año 2050, algunas proyecciones estiman entre 7 y 21 millones de fracturas de cadera anualmente. El 30% de las personas mayores que se fracturan la cadera mueren durante ese mismo año. Una mala salud ósea tiene un peor pronóstico sobre la mortalidad que los marcadores clásicos de riesgo utilizados por la medicina, como son el colesterol o la hipertensión [18]. Un 40% de las mujeres con osteoporosis tendrán una fractura o más a lo largo de su vida. La propia mortalidad intrahospitalaria tras fractura es superior al 5% [19]. ¿Dónde encaja el sol y la vitamina D en todo esto? Las fracturas son 7 veces menores en los paises donde hay mayor exposición al sol [20]. Sabemos que la densidad ósea decrece en otoño e invierno y aumenta en primavera y verano con el sol [21]. Todas estas personas, millones, se están viendo perjudicadas por los mensajes unilaterales que enfatizan los peligros del sol. Otro problema asociado a la falta de sol es la depresión. Aparte de la pérdida en la calidad de vida que genera este trastorno, las personas deprimidas tienen una mortalidad del doble respecto a las no deprimidas [22]. De nuevo la incidencia de depresión parece seguir un patrón similar: la falta de sol.

Como ahora veremos, los datos que relacionan el sol y el melanoma son cuestionables, y los datos sobre el incremento de melanomas entre la población son aún más cuestionables.

Epidemiología: melanoma y exposición al sol

El primer investigador que relacionó la exposición al sol con el cáncer fue el Dr Sigismund Peller en la Universidad de NY en 1937, quién documentó que las personas expuestas al sol tenían 8 veces más riesgo de cáncer de piel, pero un 60% menor riesgo de otros tipos de cáncer, incluido melanoma. Al contrario de lo que se ha afirmado, los datos epidemiológicos sugieren que la exposición al sol a lo largo de la vida podría proteger contra los melanomas, y en varios estudios, es la ausencia de exposición al sol lo que parece relacionarse con una mayor incidencia [23,24,25,26,27,28]. El melanoma es más común en trabajadores de interior que de exterior, a pesar de que los trabajadores de exterior reciben entre 3 y 10 veces más radiación UV [29,30]. Incluso la exposición solar está en algunos estudios asociado con una mayor supervivencia a los propios melanomas [31,32]. Lo mismo se ha documentado con ciertos tipos de linfomas [33]. Algunos estudios han hallado un mayor riesgo de melanoma si se pasó la infancia muy expuesto al sol, pero no cuando la exposición al sol sucede en la edad adulta [34]. Otros autores han mostrado que la exposición continua al sol es protectora, mientras que la exposición intermitente (vacacional), estaría asociada más consistentemente a melanoma [35,36,37,38]. La exposición regular al sol podría ser protectora por un mecanismo fotoadaptativo, o por la protección ofrecida por la vitamina D [39]. Siendo factibles muchos factores de confusión, es innegable que toda esta epidemia de melanomas, en realidad, ha sucedido durante la transferencia de la actividad laboral y social desde exteriores a interiores.

Mapa mundial con la Incidencia de melanoma
Incidencia de melanoma, adaptado de GLOBOCAN. Es interesante Europa por la relativa homogeneidad sociopolítica y sanitaria. Los colores oscuros indican mayor incidencia de melanoma. ¿Más melanoma allí donde da el sol?

El problema concreto de Australia comenzó hace algo más de 2 siglos cuando los colonos europeos de piel clara fueron a un país donde el fenotipo nativo es una piel fotoadaptada a su ambiente. En cualquier caso, lo que sucede en paises paradigmáticos de la relación sol-melanoma como Australia o Nueva Zelanda, es un problema de inmigración, occidentalización, e interacciones gen/ambiente, no solo del sol. El agujero de la capa de ozono en la Antártida llega a alcanzar partes de Australia, Nueva Zelanda y Chile, por lo que podría ser significativo. Un estudio en Punta Arenas (Chile) encontró un incremento de melanomas y disminución del ozono con fuertes incrementos de UVB [44]. No está en absoluto clara la participación del sol en el melanoma de la forma en la que se le ha transmitido a la sociedad, siendo dependiente de latitud, exposición vacacional, exposición ocupacional, historial de quemaduras, edad de exposición, factores migratorios, etc. [45,46,47,48,49].Por otro lado, de ser correcta la hipótesis sol-melanoma, las zonas de la piel donde es más común encontrar el melanoma deberían ser aquellas más expuestas al sol. Sin embargo no ocurre así. La incidencia de melanomas es más habitual en las zonas de la piel no expuestas al sol, hasta en un 75% de los casos [40,41]. El cáncer se encuentra más a menudo en el tronco (expuesto muy ocasionalmente al sol) que en los brazos o la cabeza, que reciben una exposición mucho mayor. En las mujeres la localización más frecuente es en la parte superior de las piernas, de nuevo una zona relativamente poco expuesta al sol [42]. En Japón y en personas de raza negra se ha documentado que el melanoma más frecuente ocurre en las plantas de los pies [43], además de ocurrir dentro de la boca o en los órganos sexuales, es decir, zonas sin exposición alguna al sol.

¿Exceso de sol o exceso de dermatólogos?

Biopsias y diagnósticos

Un estudio interesante reclutó a un grupo de 8 patólogos expertos y se les pidió que acudieran con 5 muestras claras y paradigmáticas de melanoma de su clínica, o bien muestras de nevus (benigno). Se juntaron 37 muestras en total, y se les pidió individualmente que las analizaran una a una y las diagnosticaran. De las 37 muestras, solo hubo un 100% de acuerdo entre patólogos en 13 de ellas. En 8 muestras el desacuerdo fue muy elevado (3 vs. 5). No sólo hubo diferencias en los diagnósticos, sino que hubo grandes diferencias entre patólogos: algunos hicieron en total un 300% más de diagnósticos de cancer que otros. Y hablamos de diagnósticos en condiciones óptimas con muestras claras y paradigmáticas. El concepto biopsia induce en la sociedad una falsa sensación de objetividad y determinismo, cuando esto no es así siempre [49]. En la Universidad de California también reconocen que el grado de discrepancia diagnóstica puede ser alto [50]. En otro estudio, 6 muestras que no habían mostrado ningún crecimiento bajo los criterios específicos de melanoma, fueron sin embargo diagnosticadas por los patólogos como melanoma, y 4 de ellas como invasivo [51]. En otras palabras, los criterios histológicos o dermopatológicos no reflejan siempre la realidad biológica.

Welch ha demostrado que hay una relación clara entre el número de biopsias realizadas, y el número de melanomas diagnosticados. Entre 1986 y 2001 las biopsias aumentaron 2,5 veces. Y la incidencia de melanoma aumentó en ese periodo… ¡2,4 veces! La lección que se extrae de aquí es sencilla: cuanto más busquemos, a través de campañas de promoción, más encontraremos [52]. Otro punto clave es que la mayor parte de nuevos diagnósticos de melanoma han sido lesiones benignas computadas como melanoma temprano. La proporción entre melanomas in situ y melanomas invasivos aumentó 12 veces en 30 años. Dicho de otro modo: la mayoría de los diagnósticos de los últimos años corresponden a lesiones benignas o lesiones de carácter no invasivo [53]. Lo que nos lleva al segundo punto básico para comprender la “epidemia” de melanomas: cuanto más bajemos el umbral de lo que consideramos melanoma, más melanomas diagnosticaremos [54].

Incidencia

Casos de melanoma y muertes en EEUUEl incremento de los melanomas diagnosticados en EEUU se ha ido a cifras de un 477% desde 1950. La gráfica que os presento refleja la estadística de incidencia vs. mortalidad, y en realidad es sencilla de interpretar (entrad en el link). Si una enfermedad cualquiera crece entre la población, deberían aumentar las muertes en cierta proporción. Si hay una verdadera epidemia de casos de cualquier enfermedad, por ejemplo, cardíaca, entonces las muertes debidas a esa enfermedad cardíaca deberían aumentar proporcionalmente. En el caso del melanoma, vemos que aumentan estratosféricamente los diagnósticos, mientras que el número de muertes es llamativamente constante entre 1975 y 2011. Esto indica que una parte considerable de los diagnósticos que se están haciendo son de lunares benignos o de lesiones compatibles con melanoma fino, lento o no progresivo, o regresivo. Dicho de otro modo: sobrediagnóstico. Casi todo el aumento de la incidencia de melanoma se debe a las primeras fases, en las que es difícil de diferenciar de alteraciones benignas como nevus melanocítico. En otras palabras, hace unas décadas, lo que ahora llamamos melanoma, no habría sido diagnosticado como melanoma porque jamás habría alcanzado significación clínica o sintomática, y son muchos los autores que han cuestionado la epidemia de melanomas [55,56,57,58,59,60,61,62].

Diagnóstico defensivo

Si un médico deja un melanoma sin diagnosticar, va a tener problemas. Ningún médico quiere que le suceda esto, ni por supuesto, ningún paciente. Esto conduce a la medicina defensiva [63]. Ante la más mínima duda cualquier alteración se diagnosticará y tratará por exceso. Esta es otra causa por la que está aumentando en parte la incidencia de melanomas: la cultura en la que vivimos está presionando y bajando el umbral diagnóstico para que esto sea así. Toleramos mejor los errores por exceso que por defecto, incluso aunque el exceso suponga un daño considerable. De hecho, si un paciente da con un médico prudente, a menudo es el propio paciente el que exige que se le hagan toda clase de pruebas. Se está educando a la sociedad para que esto suceda, omitiendo que las pruebas diagnósticas conllevan riesgos, a veces graves para la salud.

Supervivencia

La estadística de supervivencia en cáncer ha mejorado por varias razones en las últimas décadas, pero esto no siempre indica que la gente viva más. Una razón de las mejoras estadísticas de supervivencia es que estamos computando como cáncer alteraciones histológicas, radiológicas y bioquímicas que nunca serán cancer ni matarán a la persona. Por lo tanto, muchos pacientes de “cáncer” sobrevivirán y computarán estadísticamente como supervivientes a un cáncer que nunca iba a ser tal. Sorprendentemente se ha atribuído a menudo este aumento de la supervivencia a los adelantos en los diagnósticos y tratamientos de oncología, obviándose este efecto, y otros sesgos como el adelanto del diagnóstico (lead time bias). Lo explicaré en otro artículo.

Screening y diagnóstico precoz

Con el diagnóstico precoz estamos adelantando el diagnóstico de crecimientos microscópicos, que catalogamos como cáncer, sin poder en realidad predecir su evolución. Algunos de estos crecimientos histológicamente anómalos no evolucionan. Otros incluso son regresivos. Esto sucede especialmente con el melanoma en los estadios más precoces. Otros crecen muy lentamente y la persona morirá de vieja o de otra cosa. Otras crecen pero nunca serán invasivos. De forma general, el screening tiende a detectar el cáncer  lento y menos agresivo, mientras que el cáncer agresivo tiende a surgir de forma incisiva en el periodo entre screenings. Aunque detectásemos la mayor parte del cáncer con programas de screening, la mortalidad seguiría siendo alta porque la gran parte del cáncer agresivo entre screening seguiría causando un número muy significativo de las muertes. Y por otro lado, el hecho de que se detecten los tumores agresivos con screening, no implica que los vayamos a curar. Si un cáncer está fuertemente programado para matar, probablemente lo consiga, con screening y sin él.

No existen resultados a día de hoy que demuestren que los beneficios superen los daños en programas de screening por cáncer de piel según USPSTF, y se debería informar a los pacientes de que se desconocen los beneficios y existen riesgos [64]. USPSTF, NICE o Cochrane intentan hacer un escrutinio más alejado de los conflictos de intereses habituales de las prácticas médicas y de las publicaciones científicas. Las asociaciones de radiólogos, dermatólogos o urólogos suelen dar conclusiones más optimistas de sus procedimientos. Debemos tener en cuenta que del screening se benefician los servicios de radiología, y de ahí derivan las unidades de biopsia, cirugía, farmacología, y las asociaciones médicas implicadas, y todas las empresas de equipamiento biomédico y bioquímico. Hay un claro conflicto de intereses, aunque muchos profesionales tengan buenas intenciones y no sean conscientes de ello.

Probablemente la visión más global del sobrediagnóstico la ha aportado el Profesor Gilbert Welch M.D. [65,66]

Radiación ultravioleta

El sol irradia fotones de radiación electromagnética de distintas longitudes de onda. La más pequeña corresponde a ultravioleta (UVA, UBV y UVC). Toda la UVC es absorbida por la capa de ozono, los UVA y gran parte de UVB alcanzan nuestra piel. No conocemos exactamente como se ve afectada la fisiología, y no está aclarado definitivamente el papel de cada uno [67]. Los efectos de la radiación son posibles mediante varios mecanismos como la formación de fotoproductos diméricos, mutaciones, estrés oxidativo, inflamación o inmunosupresión. Es posible que el daño indirecto al ADN mediante estrés oxidativo sea el más determinante, ya que generalmente no se ve firma de mutación BRAF por UV en el melanoma [68]. En contra de la teoría oficial, es posible que la elastosis debida al fotoenvejecimiento producida por la radiación solar de forma crónica, podría proteger contra el melanoma [69], quizás regulando a la baja el reclutamiento de fibroblastos [70].

  • Los UVA penetran de forma más profunda en la piel llegando hasta los melanocitos y afectando al sistema inmune. Contribuyen al melanoma.
  • Los UVB son los responsables del enrojecimiento de la piel con la exposición al sol y contribuyen en mayor grado al cáncer de piel no melanoma y quizás al melanoma.

Como vamos a ver, uno de los problemas es que muchas cremas se formularon para bloquear los UVB y no los UVA. Esto quiere decir que la persona deja de sentir la quemazón producida por los UVB, y eso le ha permitido seguir expuesta a los UVA durante horas y horas…

Chica al sol con protector solar

Cremas solares y melanoma

El factor de protección solar (SPF) es un criterio internacional basado en la prevención de la quemadura solar, sin embargo, “protección solar” no implica protección del melanoma, y de hecho no hay ninguna evidencia de que las cremas solares protejan contra el melanoma [71]. De hecho, no son pocos los estudios que relacionan el uso de cremas solares con mayor riesgo de melanoma [72,73,74,75,76], aunque no se puede obviar la causalidad inversa: la gente con la piel clara puede tener una mayor tendencia a usar protector solar. Sin embargo algunos autores apuntan que las cremas han podido producir el efecto contrario: hacer que la gente se piense falsamente protegida, no note la quemazón producida por los UVB y se haya sobreexpuesto a la radiación UVA [77,78,79,80].

Los ingredientes comúnmente usados en las cremas solares pueden prevenir las quemaduras, pero la contrapartida, además de aumentar el tiempo de exposición a la radiación como hemos comentado, es que pueden aumentar el daño al ADN por mecanismos directos e indirectos, aumentando el estrés oxidativo de la radiación UV [82,83,84,85]. La literatura publicada no es muy extensa, pero se pueden encontrar estudios sobre toxicidad del óxido de zinc [86], titanium dioxide [87,88,89,90], oxybenzone [91], PABA [92,93], octyl methoxycinnamate [94], 4-Methylbenzylidene camphor [95], padimate O [96], dibenzoilmetano y avobenzone [97]. A esto hay que añadir los efectos endocrinos de algunos ingredientes capaces de comportarse como xenoestrógenos y con actividad antiandrogénica, capaces de producir una bajada de testosterona en hombres en solo dos semanas [98]. Muchas de estas sustancias tienen la habilidad de penetrar hacia las capas más profundas de la piel y llegar a la sangre, habiendo sido encontradas en plasma y en orina varios días después. Esto sugiere una posible acumulación lipofílica en el organismo [99]. Esta cuestión es “cuidadosamente evitada en muchas publicaciones científicas” [100]. Los excipientes de los productos químicos pueden ser igualmente tóxicos. Cabe preguntarse cual es el efecto de todo esto especialmente en niños o bebés. Tenéis más información recogida por el Enviromental Working Group [101].

Se pueden usar productos naturales, pero sólo se alcanza un factor de 7,5 con el más potente de los investigados, que es el aceite de oliva [102]. Quizás en combinación se pueda lograr algo más, sin embargo la mayoría de protectores solares ecológicos tienen algún ingrediente de los expuestos arriba, especialmente óxido de zinc.

Vitamina D y melanoma

La deficiencia de vitamina D se ha propuesto como causa de melanoma [103]. A nivel de laboratorio, la vitamina D ralentiza la progresión celular desde el estado premaligno al maligno [104]. Se ha demostrado que la expresión del VDR disminuye gradualmente con el avance de la enfermedad tumoral in vitro e in vivo, por lo que la captación de esta hormona está disminuida en los tejidos [105,106,107]. In vitro, células leucémicas expuestas a vitamina D inhiben su crecimiento, y animales de laboratorio a los que se inyectan células leucémicas prolongan su supervivencia [108,109]. Análogos de la vitamina D han mostrado inhibir la vascularización neoangiogénica in vitro e in vivo [110], la inhibición de la aromatización en el cáncer de mama y la supresión de los procesos de invasión y metástasis [111]. De forma prospectiva, se ha documentado que la exposición a radiación ultravioleta y los niveles de vitamina D se asocian con una disminución en la mortalidad por cáncer en general, y de forma específica de próstata, colon, pulmón, riñón, vejiga, etc. [113,114,115,116,117,118,119,120].

En España el 61% de los universitarios de medicina y el 87% de las personas mayores de 64 años presentan insuficiencia o deficiencia incluso en un lugar tan soleado como Gran Canaria [114,115]. Hasta un 70% de europeos podría presentar deficiencia o insuficiencia de vitamina D [116]. En el norte de Europa y Escandinavia se han encontrado niveles de insuficiencia o deficiencia en la práctica totalidad de la población. Algunos autores han propuesto la disminución de vitamina D como causa de melanoma [117], y otros piden elevar la vitamina D en pacientes con melanoma [118]. La vitamina D inhibe el crecimiento de este tipo de cáncer [119], y se han encontrado menores niveles entre pacientes de melanoma [120]. Las cremas solares con solo un factor de 8 eliminan en un 95% la producción de vitamina D [121,122,123], aunque la relevancia de esto en los valores basales de vitamina D es discutida.

Conclusión

El progresivo incremento de la resolución de los equipos biomédicos no siempre juega a nuestro favor. Cada vez se detecta un mayor número de alteraciones dudosas, y eso aumenta los pseudodiagnósticos (surrogates, incidentalomas…). Aparentemente surgen dos posibilidades. La primera es que la epidemia de melanomas está sobredimensionada y se han estado sobrediagnosticando lunares benignos como si fueran cáncer. La segunda es que la epidemia de melanomas es cierta, lo cual a la luz de los datos parece poco realista. De ser así, el aumento de la incidencia sería consustancial a la transferencia de la vida laboral y social de las personas desde exteriores a interiores en las últimas décadas, junto con la falsa seguridad que puede dar el uso de cremas al evitar la quemazón y prolongar la exposición solar vacacional excesiva.

Por otro lado, parece desproporcionada la campaña publicitaria del cáncer de piel relativo al número de muertes que produce. En Estados Unidos se producen 17.000 muertes por efectos secundarios de simples antiinflamatorios (casi el doble que el melanoma), 100.000 muertes por cáncer de colon o 400.000 muertes por cardiopatías. El sector cosmético es un ala de la industria farmacéutica, quien patrocina y financia muchos de los estudios y campañas en torno a este tema. Es muy irónico por otra parte ver a asociaciones contra el cáncer promoviendo el uso de sustancias químicas cuyo impacto sobre el cancer y la salud en general es desconocido, con la epidemiología en contra y sin ensayos clínicos concluyentes.

Chica al sol con fotoprotectorUn país saludable se construye a partir de políticas de salud pública y cohesión socioeconómica, no de servicios médicos

Cualquier mejora de salud derivada de la tecnología biomédica en el campo del screening, sería alcanzable de forma más amplia y con menor coste con políticas de salud pública muy sencillas. Salvaría más vidas por cáncer, cardiopatías y prácticamente por cualquier causa dar clases de cocina en los colegios o subvencionar ejercicio físico a las personas. Además se ahorraría mucho dinero que podría ser invertido en mejoras socioeconómicas y de salud pública adicionales que salvarían aún más vidas.

Si se hubiera invertido un pequeño porcentaje de lo que se ha invertido en tecnología biomédica en subvencionar ejercicio físico, clases de cocina o meditación, la incidencia de cáncer, cardiopatías, depresión, diabetes y una inmensidad de enfermedades que padecemos sería infinitamente menor de la que es. El ejercicio físico es antidepresivo [124], cardioprotector [125], neuroprotector [126], antihipertensivo [127], antiinflamatorio [128], previene el cáncer de pulmón, de próstata, de mama, de colon, de cérvix, etc. [129], es antiobesogénico [130], antiestrés [131], antiálgico [132], osteogénico [133], promueve la neurogénesis [134], aumenta la materia gris [135], mejora la memoria [136] es antisarcopénico [137], y además, ahorra unos 1000 euros por persona y año al sistema de salud [138]. Sorprendentemente se subvencionan todas y cada una de las intervenciones médicas más dudosas, y no se subvenciona la intervención más saludable conocida, la que más dinero ahorra, y la que más vidas salva. Algo sucede en las políticas de sanidad que no tiene nada que ver con proteger la salud de las personas.

Es interesante como en Estados Unidos actualmente varios de los estados que tienen más servicios médicos registran peores estadísticas de salud respecto a estados menos medicalizados [139]. Es fácil de entender, si se quiere entender; todo lo que se invierte en tecnología biomédica, se deja de invertir en salud pública o en otras mejoras socioeconómicas. Lo que los economistas conocen como coste de oportunidad. El resultado es una población con menos salud y que consume más biomedicina. Es lo que estamos cultivando. En Estados Unidos se destina el 97% del presupuesto en sanidad a biomedicina, y solo el 3% a políticas de salud pública [140]. Se está haciendo negocio con las enfermedades.

Addendum:

Utilizar un sombrero y ropa de manga larga es mejor protector solar, más barato, y presenta menos problemas potenciales de salud que las cremas. En la literatura científica hay algunos autores, incluidos dermatólogos de la Universidad de Stanford, que muestran que la ropa es mejor opción que las cremas [141,142].

Artículo original: La historia no contada del cáncer I. El sol, las cremas y la epidemia de melanomas. Muscleblog (Alfonso Bordallo)

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