Lactancia materna, introducción de alimentos saludables al bebé, BLW, papillas de cereales…

Beneficios de la lactancia materna

Lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses

¿Hasta qué edad conviene que tomen solo leche materna? La duración óptima de la lactancia materna exclusiva es de 6 meses y no de 4, como sugieren algunos artículos. La duración óptima de la lactancia materna exclusiva es objeto desde hace años de un acalorado debate científico. La intensidad del debate aumenta por momentos, a raíz de la incesante publicación de estudios que vinculan la pronta aparición de los cereales con gluten en la dieta del bebé con un menor riesgo de enfermedad celíaca. Hay quien justifica, en base a dichos estudios, que lo ideal es incorporar el gluten a los cuatro meses del bebé, mejor si está todavía tomando el pecho. El presente texto explica qué es la lactancia materna exclusiva, qué organismos la recomiendan hasta los seis meses de edad y por qué, al tiempo que desentraña los fundamentos de la polémica.

Lactancia materna exclusiva, ¿qué es y quién la recomienda?

Se entiende como “lactancia materna exclusiva” a la no incorporación de alimentos diferentes a la leche materna en la dieta del bebé, ya sean sólidos o líquidos, y eso incluye al agua. Aunque se prescriban vitaminas, minerales o fármacos, se considera que el bebé sigue siendo amamantado de forma exclusiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó en su 54º asamblea mundial, celebrada en 2001, que los bebés fueran amamantados de forma exclusiva durante 6 meses, una postura que el organismo no ha cambiado en la actualidad y que respaldaron rigurosas investigaciones científicas publicadas en 2002, 2003 y 2004. También lo hizo, en marzo de 2012, la Academia Americana de Pediatría (AAP), que publicó un documento titulado “Lactancia materna y el uso de leche humana”, en el que emitió la siguiente declaración: “La Academia Americana de Pediatría reafirma su recomendación de amamantar a los bebés de forma exclusiva durante los primeros 6 meses, continuar con la lactancia mientras que se incorporan alimentos complementarios, y seguir con la lactancia materna durante 1 año o más, según deseen madre y niño”.

Cinco meses después, en agosto de 2012, la prestigiosa revista The Cochrane Database of Systematic Reviews publicó una amplia revisión sobre esta cuestión, cuya principal conclusión fue que los bebés amamantados de forma exclusiva durante seis meses no muestran déficits en su crecimiento o desarrollo, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo, por lo que no existirá ningún riesgo evidente en recomendar, como política general, dicha práctica. También se concluyó que esta práctica se vincula con una menor tasa de infecciones gastrointestinales en bebés, además de afirmar que “ayuda a la madre a perder peso y a prevenir el embarazo”.

Madre amamantando a su hijo

Importancia de la lactancia materna exclusiva

No obstante, como se apuntaba al inicio, existen recientes investigaciones que relacionan la aparición temprana de los cereales con gluten en la dieta del bebé con un menor riesgo de que este padezca enfermedad celíaca. Hay entidades que justifican, en base a dichos estudios, incorporar el gluten a los cuatro meses del bebé. Se trata de una recomendación muy polémica si se tiene en cuenta que la Academia Americana de Pediatría, en el documento antes citado, considera que:

  • Amamantar de forma exclusiva durante más de cuatro meses se asocia a una disminución de un 72% en el riesgo de hospitalización por infecciones de las vías respiratorias inferiores durante el primer año de vida del bebé.
  • Los bebés amamantados de forma exclusiva hasta los 6 meses tienen cuatro veces menos riesgo de padecer neumonía en comparación con los que reciben lactancia materna exclusiva solo hasta los 4 meses.

Es por ello que resultó muy pertinente la revisión sistemática llevada a cabo en abril de 2013 por investigadores del Departamento de Alimentos y Nutrición de la Universidad de Umeå, en Suecia. En su investigación, titulada “Lactancia materna, incorporación de otros alimentos y efectos sobre la salud”, se realiza un pormenorizado análisis de (entre otros aspectos) los riesgos y beneficios de incorporar el gluten a los cuatro meses, así como de otros aspectos relacionados con la enfermedad celíaca, en base a los últimos estudios científicos sobre el tema. Sus conclusiones son las siguientes:

  • La lactancia materna protege a los bebés de la enfermedad celíaca si los alimentos con gluten se incorporan, en pequeñas cantidades, mientras el bebé está siendo amamantado, aunque no está claro si la protección solo demora la aparición de la enfermedad celíaca o si proporciona una protección permanente. Esta estrategia podría proteger, también, de la diabetes tipo 1.
  • No hay pruebas científicas que permitan determinar la edad ideal para incorporar el gluten en la dieta de los bebés.
  • No hay evidencias sólidas que sustenten que incorporar alimentos entre los 4 y los 6 meses de edad del niño aporte beneficios a su salud.

Estos, y otros aspectos sanitarios, justifican la postura de la OMS de recomendar que la lactancia materna exclusiva se prolongue hasta los primeros seis meses de vida y que la lactancia continúe hasta como mínimo los dos años de edad. Es un consejo que apoya la comunidad científica internacional, que la observa como una prioridad de salud pública.

Madre amamantando a su bebé recién nacido

Un pilar descuidado de la salud pública

Apenas 3 de cada 10 bebés se alimentan solo de leche materna hasta los seis meses de edad, una tasa que repercute en la salud pública. Las tasas de lactancia materna en España están muy lejos de acercarse a una situación idónea. Y esto no es un asunto menor o un tema “de bebés y mamás”, sino algo que perjudica a toda la sociedad, dado el papel que ejerce la lactancia en la protección de enfermedades maternoinfantiles. También es una cuestión que preocupa mucho, y con razón, a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“La lactancia materna es ampliamente reconocida como la mejor opción para la alimentación infantil y se considera un elemento crítico para la salud pública, y no solo una cuestión de elección de estilo de vida”. Con estas palabras comienza una interesante investigación publicada el 22 de junio de 2015 en la revista Public Health Nutrition.

El trabajo científico, en el que ha participado el reputado doctor João Breda (Oficina Regional de la OMS para Europa), constata que las tasas de lactancia materna exclusiva a los seis meses son muy bajas. Se entiende como “lactancia materna exclusiva” no incorporar alimentos diferentes a la leche materna en la dieta del bebé, sean sólidos o líquidos, y eso incluye al agua. Si el niño consume, en su caso, vitaminas, minerales o fármacos, se considera que sigue siendo amamantado de forma exclusiva.

Pues bien, en el caso de España, solo el 28,5% de los bebés son amamantados de manera exclusiva hasta los seis meses, una cifra un poco superior a la media europea, que se sitúa en el 25%.

Bebé acostado encima de su mamá

Lactancia materna, un tesoro poco valorado

Si bien es preocupante la baja cifra de bebés amamantados de forma exclusiva hasta los seis meses, más alarmante aún es la constatación, como aparece en el texto de Public Health Nutrition antes citado, de que solo el 28% de los pequeños europeos son amamantados, de media, al llegar al año de edad.

Es alarmante porque entre los beneficios de la lactancia materna para la salud infantil se encuentra un menor riesgo de padecer afecciones agudas, tales como infecciones gastrointestinales, otitis media, asma, enfermedades respiratorias o el síndrome de la muerte súbita. Pero también protege de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares e incluso obesidad, una dolencia cada vez más frecuente y responsable de entre el 10% y el 13% de las muertes en Europa.

Asimismo, amamantar se asocia a beneficios para la madre, dado que la protege de la diabetes tipo 2 así como de los cánceres de ovario y mama, tal y como ha constatado una revisión sistemática de la literatura recién publicada en la revista científica Acta Paediatrica. Supplementum (diciembre de 2015).

A todo lo anterior hay que sumar beneficios medioambientales, económicos e incluso psicológicos, ya que existen pruebas que relacionan la lactancia materna con la inteligencia infantil.

Hospital Amigo de los Niños

Menos de un 6% de los hospitales en España son “amigos de los niños”

Por todo lo anterior resulta imprescindible que las autoridades sanitarias tomen cartas en el asunto. Algo que, en el caso de España, no parece materializarse, dado que solo el 5,7% de los hospitales de nuestro país son “baby-friendly” (amigos de los niños), tal y como se lee en el artículo del doctor Breda y sus colaboradores, antes citado. Esta denominación es una acreditación que otorga la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN), que hasta 2009 se denominó “Iniciativa Hospital Amigo de los Niños”. Esta acreditación se da cuando el centro sanitario no acepta sucedáneos de leche materna gratuitos o a bajo costo, ni tampoco biberones o pezoneras, y ha puesto en marcha diez medidas concretas para apoyar la lactancia exitosa, disponibles en la página web de la OMS.

Es cierto que los requisitos de IHAN son estrictos y que el proceso de evaluación es largo y costoso, por lo que es posible que haya hospitales que, aún no cumpliendo sus exigencias, estén cerca de hacerlo. Y también es cierto que, gracias a IHAN, muchos centros sanitarios, aunque no tengan su acreditación, han mejorado mucho su atención a bebés y madres. Pero de lo que no cabe duda es de que si menos del 10% de los hospitales españoles tienen la acreditación de IHAN, la baja calidad asistencial con respecto a la lactancia materna es más norma que excepción, según declaran expertos en el tema, como el pediatra Luis Ruiz.

Bebé practicando BLW

A partir de los 6 meses: Baby-led Weaning

La alimentación complementaria “a demanda” o dirigida por el bebé (también llamada en inglés, baby-led weaning) se refiere a que es el bebé quien dirige el proceso de cambio hacia la alimentación variada. Es una manera de introducir comidas sólidas en su dieta, permitiendo que el bebé se alimente por si mismo –sin usar cucharas y sin purés. El bebé se sienta con el resto de la familia a la hora de la comida y se une a los demás cuando está preparado, usando primero sus manos para comer y después los cubiertos.

Cualquier bebé sano puede empezar a alimentarse solo alrededor de los 6 meses de edad. Sólo necesita que se le de la oportunidad de hacerlo y mostrar las tres características siguientes (tienen que darse las tres a la vez):

  1. Se sienta con apoyo y mantiene la cabeza erguida.
  2. Coordina ojos, manos y boca para mirar un trozo de alimento del tamaño de un dedo, cogerlo y llevárselo a la boca.
  3. Puede tragar alimentos sólidos, es decir, no los empuja instintivamente hacia fuera con la lengua para evitar ahogarse (reflejo de extrusión).

No conviene confundir este reflejo con el rechazo de un alimento no quiere comer más de un trozo o una cucharadita (que para un bebé que empieza a comer es suficiente), o porque no le gusta lo que le ofrecemos (está en su pleno derecho).

La madre que amamanta sabe cuándo su hijo quiere comer, porque el niño hace gestos de búsqueda. Luego, cuando el niño no quiere más, deja el pecho por sí solo. Los bebés amamantados aprenden a regular la cantidad que comen en función de sus necesidades, lo que les protege frente a la obesidad. Además, van probando lo que come su madre y se adaptan en seguida a la comida normal de la familia.

Si mientras es pequeño se le permite que ponga el horario, ¿por qué no probar a hacer lo mismo cuando se trata de otros alimentos? Progresivamente se ha convertido en una tendencia muy bien aceptada por los padres, porque les resulta mucho más sencillo. Así, le van ofreciendo alimentos de los que toma la familia, que el niño coge con su mano y los mordisquea. Aquí no hace falta una persona adulta dando papillas con una cuchara. El resto del tiempo, el bebé sigue tomando el pecho o el biberón.

Bebé comiendo zanahoria y brócoli

¿Por qué la alimentación complementaria a demanda?

La alimentación complementaria a demanda está basada en el desarrollo de los bebés durante su primer año.

Los sistemas inmunitario y digestivo de los recién nacidos no están preparados para la comida hasta que alcanzan los seis meses de edad; la leche materna (o de fórmula) es todo lo que los bebés sanos necesitan hasta ese momento. A los seis meses, los bebés son capaces de sentarse erguidos, coger pedazos de comida, llevárselos a la boca y masticarlos; es decir, se pueden alimentar ellos solos.

Antes, cuando los bebés comenzaban con la alimentación complementaria a los tres o cuatro meses, se les daban purés porque eran demasiado pequeños para comer solos. Si has esperado hasta los seis meses para introducir la alimentación complementaria, has superado la etapa de los purés, por lo que no los necesitarás.

Bebé con BLW ya avanzado

¿Qué ventajas tiene?

  • Comodidad. El bebé come alimentos que ya hay en la mesa. No hace falta comprar otros, ni guisarlos de modo especial. Come al mismo tiempo que la familia.
  • Incluirlo en la familia. El bebé se va acostumbrando a las comidas de su casa, de su cultura.
  • Desarrollo y aprendizaje. Permite al bebé descubrir sabores, texturas, colores y olores. Fomenta la independencia y la confianza en sí mismo. Le ayuda a desarrollar y mejorar la coordinación ojo-mano y la masticación. Evita las peleas a la hora de comer y las actitudes melindrosas.
  • Interés. Los bebés tienen mucho interés por la comida del plato de su madre, quizá su instinto les dice “si ella lo come, es comestible y seguro que está bueno”. Así suele ser más fácil.
  • Autorregulación. El bebé come a su ritmo, según adquiere habilidades. Nunca se le fuerza. Esto disminuye muchos conflictos familiares.
  • Más saludable y sencillo para el bebé. Se evita el paso intermedio de papillas y purés (aunque no es incompatible, es poco recomendable), además favorece la autonomía del bebé, su adaptación a las comidas normales y disminuye el riesgo de sobrealimentación y obesidad futuras.

Hoy, sabemos, que el baby-led weaning es, de hecho, más saludable ya que recientemente se ha publicado un estudio en el Reino Unido que concluye que los bebés que practican el baby-led weaning tienden a elegir comidas más saludables que los que son alimentados con purés y papillas. “Sorprendentemente, los bebés que practicaban el baby-led weaning demostraron una mayor preferencia por todas las categorías de alimentos excepto los dulces, en comparación con los bebés alimentados con purés y papillas”, afirman los autores del estudio.

Otra conclusión importante de este estudio es que los bebés que practican el baby-led weaning presentaron un índice de masa corporal (IMC) menor, que no era atribuible a diferencias en el peso al nacer, IMC paterno o clase social. Esto supone que estos bebés presentan un menor riesgo de obesidad, tanto en su infancia como en su vida adulta, debido al establecimiento de unos hábitos alimenticios saludables desde el primer momento.

“Además, el 93,5% de las familias del grupo de baby-led weaning manifesto que nunca habían experimentado ningún incidente de atragantamiento (una preocupación frecuente entre los padres)”, subrayan, por otro lado, los autores de este estudio.

El anterior estudio británico se suma a otro publicado también recientemente en Estados Unidos en el que los científicos han descubierto que cuando las madres son excesivamente “mandonas” a la hora de la comida es más probable que sus hijos sufran sobrepeso.

Esta investigación, liderada por la doctora Julie C. Lumeng se basó en la observación directa de más de 1.200 parejas madre-hijo que acudieron al laboratorio a la hora de comer a los 15, 24 y 36 meses de edad de los pequeños. En el transcurso del experimento, los científicos observaron que los niños cuyas madres les animaban a comer más cantidad tenían un IMC mayor a los tres años.

Según Lumneg, los padres que presionan o animan a sus hijos a comer “un bocadito más” o una “cucharadita más” o “esto te gusta, come otro poco” están evitando que sus hijos respondan a las señales de saciedad que les envía el organismo.

Para evitar este efecto nocivo en los mecanismos naturales de regulación del organismo, Lumeng aboga por que los padres ofrezcan a sus hijos alimentos saludables, dejando en manos de los pequeños la decisión de cuánto comer: “De manera natural, los niños tenderán a comer la cantidad adecuada”, concluye.

Baby BLW

Bases fisiológicas

  • Sabores familiares. El sabor de la leche materna cambia según la dieta de la madre. Por eso los bebés amamantados ya están acostumbrados a los cambios de sabor y algunos les resultan familiares.
  • Autorregulación. Los bebés amamantados autorregulan la cantidad de leche que comen y eso les protege frente a la obesidad.
  • Estimulación temprana y madurez. Hacia los 6 meses, la mayoría de los bebés ya se mantienen sentados y pueden coger objetos con la mano y llevárselos a la boca. Sobre esa edad, muchos también puede aplastar con labios y encías los alimentos blandos y tragarlos.
  • Seguridad. Si les da una arcada, el alimento regresa a la parte anterior de la boca y lo vuelven a aplastar hasta que ya pueden tragarlo.
  • Ritmo. Cada uno sigue su propio ritmo. No le viene impuesto desde fuera (el calendario del pediatra o la cantidad de puré o papilla que otros deciden…).

¿No se ahogará?

Durante mucho tiempo, se ha recomendado a los padres que introdujeran en la dieta de sus bebés la comida en trozos a los seis meses para ayudar a que desarrollasen y fortaleciesen la masticación. La única diferencia es que con la alimentación complementaria a demanda no se ofrecen purés.

Así que, siempre que se cumplan unas simples reglas de seguridad, la probabilidad de atragantamiento es la misma que con cualquier otro método de introducción de alimentos sólidos.

De hecho, cuando permitimos al bebé controlar lo que se lleva a la boca, le estamos ayudando a aprender a comer de manera segura.

Bebita comiendo

¿Cómo puedo comenzar?

  • Sienta al bebé erguido, frente a la mesa, ya sea en tu regazo o en una trona. Comprueba que su postura es estable y que puede utilizar las manos y los brazos libremente.
  • En lugar de darle la comida, ofrécesela; ponla frente al bebé o déjale que la coja de tu mano, de manera que sea él quien decida.
  • Comienza con comidas que sean fáciles de agarrar: al principio, lo mejor son los palitos o las tiras. Introduce nuevas formas y texturas de manera gradual, para que tu bebé pueda descubrir cómo manejarlas.
  • Incluye al bebé en las comidas familiares siempre que puedas. Cuando sea posible –y apropiado para un bebé-, ofrécele la misma comida que estés comiendo, de manera que pueda imitar lo que tú haces.
  • Elije los momentos en los que el bebé no esté cansado o tenga hambre, ya que así se podrá concentrar mejor. En esta etapa, la hora de la comida es para jugar y aprender, ya que el bebé seguirá obteniendo todo el alimento que necesita de la lactancia.
  • Sigue ofreciéndole el pecho o el biberón como siempre. La leche es la principal fuente nutricional del bebé hasta que tiene un año. Cuando el bebé necesite menos leche, reducirá las tomas por si mismo. Si toma biberones, conviene mantener al menos 4-5 tomas al día.
  • Ofrécele agua con las comidas para que pueda beber si lo necesita.
  • No distraigas o apremies al bebé mientras esté manipulando la comida; deja que se concentre y se tome su tiempo.
  • No le metas comida en la boca ni trates de convencerlo para que coma más. 

Bebé comiendo zanahoria, brócoli, carne, y pera

¿Cuáles son los alimentos que se pueden usar?

Puedes compartir prácticamente cualquier plato saludable de la comida familiar con tu bebé. Por ejemplo: verduras, frutas, carne, quesos frescos sin sal, huevos bien hechos, pan (o tostadas), arroz, pasta y la mayoría de los pescados.

Al principio, elije comidas que puedan ser cortadas fácilmente en palitos o tiras cuando el pequeño esté empezando. Siempre introduciéndolas de una en una para de este modo saber si alguna le ha producido alergia, gases, estreñimiento, diarrea…

Para aprovechar al máximo las vitaminas y minerales de las verduras y evitar que se formen nitritos. Es preferible hervir las verduras en trozos grandes, cuanto más pequeños los hagáis más vitaminas y minerales perderán en la cocción. Introducir las verduras en el agua ya hirviendo o hacerlas al vapor. Utilizar el mínimo volumen de agua. Una vez cocidas, consumirlas lo antes posible.

Se deben evitar los platos preparados o alimentos a los que se les haya añadido azúcar o sal, y conviene ofrecer un poco de agua durante estas comidas. Lee las etiquetas cuidadosamente, ya que muchas comidas envasadas como legumbres, empanadas o salsas contienen grandes cantidades de sal. Descarta darle comida procesada, comida rápida, embutidos, conservas… Evita darle miel, marisco (sobre todo las cabezas), pez espada, tiburón, atún rojo, lucio (altos niveles de metales pesados) y huevos crudos. Más adelante podrá ir probando todas las demás comidas. A continuación mostramos un calendario con la recomendación de la introducción de los alimentos. Conviene leer también “Baby-led Weaning: Alimentos que es mejor no retrasar“.

Calendario orientativo de introducción de alimentos

  • 0-6 meses. El único alimento recomendado para el bebé es la leche materna a demanda. Si la lactancia no es posible, se puede optar por una leche adaptada de fórmula.
  • 6-7 meses. Sin dejar la lactancia materna, se empezará a complementar con otros alimentos como:
    • Verduras cocinadas al vapor o ligeramente cocidas, asadas o a la plancha que pueden ser enteras: judías verdes, apio, ramitos de brócoli, etc. o cortadas en trozos del tamaño de un dedo: calabacín (sin semillas), zanahoria, calabaza, patata, tapioca, boniato, etc.
    • Frutas y verduras crudas, cortadas en forma de “palitos”: pera, plátano, mango, papaya, melón, ciruela, aguacate, pepino…
    • Cereales sin gluten (arroz, maíz, quinoa, amaranto, mijo…) en forma de pan o tostadas, colines, bolas de arroz, quinoa, mijo, amaranto (un poco pasados).
    • Si se decide añadir papillas o purés, pueden ser variados de frutas, verduras, cereales sin gluten, túberculos y legumbres (sin cascara por riesgo de atragantamiento). La cebolla y el puerro se pueden introducir con precaución viendo la tolerancia del niño, ya que pueden provocar gases.
    • Aceite de oliva virgen extra un chorrito (3-5 ml) al cocinar o con los purés (si se decide añadirlos).
    • NO se recomiendan zumos y menos darlos en biberón.
  • 7-9 meses. Se comenzará con:
    • Carne (20-30 gr/día) guisada, cocida o a la plancha, cortada en tiras o con una parte larga para poder agarrarlo: pollo, pavo, conejo, piezas de caza (sin munición de plomo). Toda la carne debe arreglarse sin piel ni grasa, sin sal ni pimienta.
    • Se puede introducir la ternera, vaca, cordero, cerdo… pero al ser más grasas son más indigestas.
    • Cereales con gluten en muy poca cantidad: 2 macarrones, taquitos alargados de pan o tostadas…
  • 9-10 meses:
    • Se alternará alguna toma de carne con pescado blanco (30-40 gr/día). Si hay algún miembro de la familia con alergia al pescado, es recomendable retrasar su introducción hasta después del primer año o incluso al tercer año.
  • 10-12 meses.
    • Además de la incorporación de algunos alimentos nuevos, en este período se podrá comenzar a incluir texturas más finas (sopas de pasta fina, arroz, trozos pequeños o picados de carne).
    • Yema de huevo cocida (bien hecha), primero media y luego una completa.
    • Introducción definitiva al gluten (trigo, avena, cebada, centeno…) en forma de macarrones, taquitos alargados de pan o tostadas, colines… (sin huevo, sin azúcar y sin leche).
  • 1 año. La OMS recomienda continuar con la lactancia materna a demanda hasta los dos años o más. Sin embargo, a partir del primer año, se estructurarán los horarios de las comidas principales para adaptarlos a las del resto de la familia, ya que el niño puede comer la mayoría de los alimentos.
    • Frutas cítricas: naranja, mandarina, piña… frutas de pelo: melocotóm, kiwi…
    • Huevo cocido o tortilla (bien hechos).
    • Pescados blancos potencialmente alergénicos como el lenguado, la merluza, el rape, la trucha, la pescadilla…
    • Se puede ya incorporar el pescado azul como el atún, sardina o caballa (sin piel ni espinas) o esperar a que cumpla los 18 meses. El salmón al ser más graso es preferible dejarlo para más adelante y siempre debe ser salmón salvaje de Alaska, nunca de piscifactoría.
    • Leche entera de vaca, cabra u oveja (mejor de baja pasteurización y de pasto) y lácteos suaves como yogures naturales, cuajada, queso fresco, queso tierno, requesón…
    • Especias y otras hierbas aromáticas (no conviene abusar de la sal y el azúcar, mientras menos, mejor).
  • 18 meses.
    • Pescado azul, tipo sardina, atún o caballa (sin piel ni espinas), salmón salvaje de Alaska…
    • Frutas roja o exóticas: fresas, frambuesa, moras, fresones, frutos del bosque…
    • Verduras flatulentas como las coles, las alcachofas o los espárragos.
    • Legumbres chafadas/enteras, bien cocidas. Se puede seguir el mismo procedimiento de remojo, que con los frutos secos, descrito más adelante.
    • Cacao y chocolate en pequeñas cantidades, las mejores opciones son el cacao puro y el chocolate del 80% en adelante, endulzado con azúcar panela integral de caña.
  • 2 años. En términos generales, a esta edad, debe haber adquirido una dieta prácticamente completa:
    • Embutidos artesanales y de calidad en pequeñas cantidades como el jamón ibérico de bellota y la cecina de pasto (cuidado ya que son alimentos muy altos en sal).
    • Mariscos como los calamares, mejillones, gambas, langostinos, almejas…
    • Frutos secos en pequeña cantidad bien triturados en los purés, yogures, papillas, etc. NUNCA enteros ya que el 70-80% de los atragantamientos se producen a causa de estos. Es recomendable remojarlos en agua tibia (45-65 ºC) o, al menos, a temperatura ambiente, añadiéndole un chorrito de limón o vinagre; es recomendable que sea agua de mineralización muy débil, destilada u osmotizada; al remojarlos conseguiremos eliminar la mayor parte de antinutrientes (oxalatos, fitatos, taninos, inhibidores de la tripsina), deberemos colarlos y enjuagarlos bajo el grifo, puedes secarlos y guardarlos en la nevera (3 días aprox.).
    • Cereales integrales tipo muesli (sin frutos secos), copos de avena, copos inflados. Puede existir riesgo de atragantamiento.
  • 3 años.
    • Miel cruda en pequeñas cantidades para endulzar u ofrecida directamente. La miel antes de 1 año puede producir botulismo y antes de los 3 años es potencialmente alergénica.
    • Aceitunas con hueso, frutas pequeñas y con pipas y otros alimentos con peligro de atragamiento.
  • 4-5 años.
    • Frutos secos enteros con moderación y teniendo cuidado ante posibles atragantamientos.
  • 6 años.
    • Zumos, 1 vaso (250 ml) diario máximo y excepcionalmente (antes de esta edad moderar aún más el consumo porque favorecen la tendencia a la obesidad, la diabetes, las caries, etc.)
    • Cuanto más se retrase la introducción del azúcar, dulces, bollería industrial, galletas, cereales de desayuno, refrescos, postres azucarados, comida rápida, papas de bolsa, embutidos… mejor, ya que las dietas de los bebés y niños ya tienen suficientes hidratos de carbono y estos alimentos son muy poco interesantes desde el punto de vista nutricional, además suelen contener mucha azúcar, edulcorantes, aditivos artificiales, conservantes, colorantes, polifosfatos, etc.

Primeros auxiliose en bebés

¿Hay que tener alguna precaución?

  • Asegúrate de que tu bebé se sienta erguido para comer.
  • No le ofrezcas alimentos duros y pequeños como los frutos secos o semillas enteras.
  • Corta por la mitad alimentos pequeños, como aceitunas o cerezas; y quítale los huesos.
  • El bebé sabe cuánta cantidad de comida necesita. No hay que meterle prisa ni obligarle a comer.
  • NUNCA dejes al bebé solo mientras esté comiendo, siempre debe estar acompañado de un adulto.
  • No dejes que nadie, excepto el propio bebé, ponga comida en su boca.
  • Explica este método a cualquiera que cuide del bebé.

Además, los bebés prematuros o los que tienen alguna dificultad en su desarrollo puede que tarden más en conseguir esas habilidades y necesitarán comer con ayuda durante más tiempo. También hay que tener precaución con los niños que padezcan alguna enfermedad crónica o con riesgo de desnutrición. Puede que los bebés alimentados con fórmula artificial, cuyo sabor no cambia, tengan algunas dificultades, pero eso no significa que no puedan seguir este método.

Tu hijo come lo que tú comes
Los hábitos de la madre durante la gestación y los dos primeros años del bebé lactante pueden prevenir o desencadenar innumerables enfermedades futuras.

Algunos consejos y errores frecuentes

  • No esperes que tu hijo coma demasiado al principio. Muchos bebés comen muy poco durante los primeros meses. No te obsesiones con las cantidades y piensa en la hora de la comida como un momento más de juego.
  • ¡Prepárate para limpiar! Es un método un poco “sucio”, pero menos estresante que el tradicional. Puedes poner un hule bajo la trona del bebé para proteger el suelo. Así podrás volver a ofrecerle los alimentos caídos.
  • Plantéalo como algo divertido. Así tu bebé estará dispuesto a probar nuevos alimentos y estará deseando que llegue la hora de la comida.

El baby-led weaning es una opción sencilla y natural pero a veces la falta de referencias a la hora de hacer las cosas o la falta de personas a las que acudir en caso de dudas puede llevarnos a dificultar el proceso o incluso a fracasar antes de empezar. Por ello, aquí exponemos los errores más frecuentes a evitar:

  • Darle la comida en trozos pequeños para que no se atragante. Pensamos que al ofrecer trozos pequeños los niños no se atragantarán pero los niños de seis meses NO son capaces de coger trozos pequeños por si mismos, por lo que se los tenemos que meter en la boca para que se los coman y esto aumenta la posibilidad de atragantamiento al introducir en la boca del niño objetos pequeños cuando él no está preparado para gestionarlos ya que hasta que los bebés no hacen la pinza no han adquirido las habilidades necesarias para gestionar (morder, masticar, mover por la boca y tragar) trozos pequeños.
  • Preocuparse por las cantidades que come el niño. Al igual que los bebés que toman lactancia materna son capaces de autorregularese, controlando las cantidades que comen y cuando las comen, los bebés son capaces de regular la ingesta de la alimentación complementaria, adaptándola a sus deseos, necesidades, progresos y avances con los sólidos. No hay ninguna prisa ya que, hasta el año, la lactancia debería seguir siendo el alimento principal.
  • Ofrecerle comidas que no tienen nada que ver con lo que comen los adultos. El baby-led weaning no consiste solo en que los bebés se autorregulen en la alimentación complementaria, sino que también es la base para asentar buenos hábitos alimentarios como comer en familia, compartir el momento de la comida como un punto de encuentro para contarnos cosas, hablar y ver qué tal nos ha ido el día. Si nuestro hijo no se siente incluido porque le ofrecemos alimentos diferentes, se dificulta la creación de este hábito. Los bebés aprenden por imitación y si los hábitos de la familia en cuanto a alimentación no son los más adecuados, el bebé los aprenderá nos guste o no. Por eso no tiene sentido ofrecerle alimentos diferentes pensando en que son más saludables. En cambio, deberíamos aprovechar la ocasión para mejorar los hábitos de toda la familia.
  • Pensar en la comida solo como alimento. Si la lactancia materna es un 10% alimentación y un 90% desarrollo cerebral, podemos decir, de manera análoga, que la alimentación complementaria -enfocada como baby-led weaning- es un 10% alimentación y un 90% experimentación. Los bebés juegan con la comida, aprenden sobre colores, formas, pesos, texturas, olores y mucho más. ¿Por qué limitar esta amplia gama de oportunidades de aprendizaje solo a la comida?
  • Preocuparse por la suciedad. El baby-led weaning es más sucio que otros tipos de alimentación, pero eso no significa que las madres que dan purés y alimentos triturados a sus hijos estén exentas de manchas y desorden. Mancha tanto un bebé que hace pedorretas con el puré o que lanza la cuchara como el niño que aparta varios alimentos para quedarse con uno solo.
  • Asumir que los niños tienen que comer de todo. Los adultos no comemos de todo. Nadie planifica sus comidas pensando en que hace dos semanas que no come berzas o que todavía no ha probado el pollo al curry. En cambio, solemos diseñar los menús eligiendo los alimentos que más nos gustan, nuestras técnicas de cocinado preferidas y buscando una alimentación variada y equilibrada. Si nuestro hijo se niega a comer sistemáticamente un alimento no pasa nada. Si no come pimiento, da igual, siempre y cuando coma otras verduras y hortalizas. Si se niega a probar la pera, no pasará nada si come plátano y manzana. Nuestra obligación como padres es poner a su disposición una oferta amplia, variada y saludable de alimentos. Si no come unos en favor de otros, siempre estará comiendo cosas sanas.

Atención: Debes comentar los detalles de la alimentación complementaria dirigida por el bebé con tu pediatra o enfermera pediátrica de confianza si en tu familia existen antecedentes de intolerancias, alergias alimentarias, problemas digestivos o si tienes cualquier otra duda sobre la salud o el desarrollo de tu hijo. Para más información adicional , visita Una maternidad diferenteBaby-led (en inglés), Rapley Weaning (en inglés) o lee “Baby-led Weaning, Helping your baby to love good food”, un libro (en inglés) de Gill Rapley y Tracey Murkett.

Bebé comiendo papillas

Evitar la inclusión de papillas de cereales

Uno de los alimentos más consumidos en el primer año de vida son los cereales infantiles, o “papillas de cereales”, que presumen de estar enriquecidos con numerosas vitaminas y minerales (no naturalmente presentes), además de otras sustancias, como los denominados “fructooligosacáridos”. Estos productos incluso prometen contribuir a que los bebés adquieran buenos hábitos de alimentación. Sin embargo, al revisar su etiqueta se observa que su contenido en hidratos de carbono y azúcares es más que notable, incluso en productos en cuyo envase se leen declaraciones como “0% azúcares añadidos”. ¿Cómo es esto posible?

La primera infancia es un periodo crítico desde un punto de vista nutricional y con una gran repercusión a largo plazo sobre la futura salud del individuo. Por ello, desde su nacimiento hasta los 5 años de edad conviene revisar detenidamente cualquier producto destinado a la nutrición de nuestro bebé para ofrecerle una alimentación saludable. Los cereales infantiles son de los productos más vendidos en esta etapa, y es muy necesario que en su composición no se hallen grandes cantidades de azúcar o sal. Si el exceso de azúcar y sal compromete la salud de los adultos, más aún comprometerá la de los niños pequeños, dado que el efecto negativo de estos nutrientes se observa a medio o largo plazo.

Sin embargo, según denunció la doctora Charlene Elliott en la edición de marzo de 2011 de la revista Journal of Public Health, en buena parte de los alimentos diseñados para bebés existen altas dosis de azúcares, aunque en la lista de ingredientes no se encuentre la palabra “azúcar”. ¿Cómo se explica esto?

Papilla convencional de cereales hidrolizados vs. papilla de cereales integrales ecológicos

Cereales sin azúcares añadidos, pero con mucho azúcar

Si se revisa la lista de ingredientes de las papillas de cereales para niños, en raras ocasiones se halla el azúcar. En muchos casos, el envoltorio del producto contiene el reclamo de salud “0% azúcares añadidos”, una declaración de salud que cumple con la legislación vigente. ¿Cómo es posible, entonces, que en la etiqueta de información nutricional se constate que su porcentaje de azúcares representa el 26% del peso del producto?

Si bien el fabricante no siempre añade azúcar al producto, el proceso de hidrólisis o dextrinación de los cereales rompe su estructura hasta producir los azúcares que detectan los análisis de laboratorio que determinan la información nutricional antes citada. Es un proceso que convierte los carbohidratos de cadena larga (almidones) de los cereales en otros de cadena más corta, algunos de los cuales son azúcares.

Además de los análisis de laboratorio, el paladar también detecta dichos azúcares: si se prueban los cereales, se nota un sabor dulzón que no se percibe si se cocinan en casa arroz o maíz (los dos cereales más utilizados en estos productos). Pero más aún detecta el bebé ese sabor dulce, tema tratado en el artículo “¿Por qué los niños adoran el azúcar y rechazan las verduras?”.

En el supuesto de que un bebé tomase una vez al día una papilla elaborada con estos cereales desde los 6 hasta los 12 meses, en base a las indicaciones del fabricante, habría consumido nada menos que dos kilos de azúcar. Nada recomendable.

Madre dándole papilla a su bebé

¿Necesita el bebé papillas de cereales hidrolizados?

De entre las muchas declaraciones de salud que incluyen estos productos, una de las más habituales es la que asegura que el proceso de hidrólisis se lleva a cabo para que el sistema digestivo del niño pueda asimilar de forma adecuada los cereales.

Sin embargo, antes de los seis meses no es necesario ni recomendable incorporar alimentos en la dieta de los pequeños, algo que se justificó al comienzo de este artículo. Y después de los seis meses de edad, el niño puede digerir pequeñas cantidades de cualquier alimento saludable a base de cereales que consumen los adultos (como pan, pasta hervida o arroz hervido), sin olvidar que se debe dar prioridad a la leche materna (o, en su defecto, de fórmula).

El Gobierno de Escocia aconseja a los padres que alimenten a sus hijos con alimentos preparados en casa (sin añadir sal o azúcar), en vez de con los comerciales, para que el pequeño se acostumbre poco a poco a comer alimentos típicos de la familia. La Asociación Española de Pediatría también encuentra varias razones para huir de las papillas infantiles en la alimentación de los pequeños, tal y como puede leerse en su artículo “Alimentación complementaria dirigida por el bebé” (método también recomendado en este artículo).

Son de la misma opinión los expertos en pediatría Adriano Cattaneo y Carlos González. Cattaneo, miembro de la Unidad de Servicios de Salud de Italia (vinculada a la Organización Mundial de la Salud), asegura que muchas de las declaraciones de salud que acompañan a estos -caros- productos son falsas. Por su parte, el pediatra Carlos González, conocido -y reconocido- autor de referencia en alimentación infantil y crianza respetuosa, incluyó en su libro ‘Mi niño no me come’ una reflexión con la que vale la pena concluir: “[…] muchos niños tienen que sufrir tres destetes en vez de uno. Todos los psicólogos coinciden en que el destete es una época delicada y potencialmente traumática; y muchos niños se destetan primero del pecho al biberón, antes de los dos meses; luego, del biberón a las papillas, hacia los seis meses, y, por fin, de las papillas y triturados a la comida normal, hacia los dos o tres años. A juzgar por los llantos y las peleas, cada destete es peor que el anterior… ¿Por qué no destetarlos una sola vez? Directamente del pecho a la comida normal, en un proceso gradual que empieza a los seis meses y puede acabar al cabo de varios años”.

Fructooligosacáridos: no son mágicos

Uno de los ingredientes que se añade a los cereales para bebés son los llamados “fructooligosacáridos”, un tipo de carbohidratos a los que los fabricantes atribuyen diversos beneficios digestivos o relacionados con el sistema inmunitario. No obstante, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que no existen pruebas científicas convincentes que demuestren de forma fehaciente que estas sustancias mejoren el sistema inmunitario, disminuyan la cantidad de microorganismos potencialmente patógenos en el intestino, ejerzan beneficios en la función digestiva o reduzcan el malestar intestinal. Como los dictámenes de la EFSA tienen validez legal, esto significa que está prohibido atribuir en Europa tales declaraciones de salud a los fructooligosacáridos.

Fuentes

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