Los edulcorantes artificiales se asocian con fallo renal, diabetes, obesidad, hipertensión…

No hay ninguna duda de que los azúcares epidemiológicamente se asocian con obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y un largo etcétera [1-3]. El consumo elevado de carbohidratos lleva a una sobreproducción crónica de insulina, y esto conduce a resistencia a la misma y subsecuentemente hiperglicemia, inflamación y estrés oxidativo crónico [4,5], que desemboca en síndrome metabólico (hipertrigliceridemia, hipertensión, hiperinsulinemia, hiperglicemia) y finalmente en diabetes.

Los edulcorantes artificiales suelen ser subproductos químicos de algún aminoácido, cuya particularidad es ser mucho más endulzantes que el azúcar (la sacarina tiene 300 veces más poder endulzante y la sucralosa 600) por lo que es necesaria una ínfima cantidad de edulcorante para endulzar una comida, y con ello, existe una reducción calórica y de azúcar que podría ser una ventaja para tener un peso saludable y para los niveles de glucosa en sangre de los diabéticos y del resto de la población. La ecuación parecía sencilla a nivel teórico.

A nivel práctico, el exponencial aumento de su consumo ha ido paralelo al aumento de peso de la población. Esta asociación se analiza desde dos perspectivas: relación causal por efecto bioquímico, o relación de efecto debida al comportamiento. Epidemiológicamente, se ha relacionado el consumo de edulcorantes con obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular, tumores, osteoporosis, fallo renal, hipertensión, mayor mortalidad entre sus consumidores, erosión dental, etc. Estudios en modelos animales muestran un aumento de distintos tipos de cáncer. A nivel de laboratorio, se ha mostrado que distintos edulcorantes tienen capacidad clastogénica induciendo daño en el ADN en cultivos de células. Y en ensayos clínicos en humanos, se ha encontrado que los edulcorantes son insulinogénicos y elevan los niveles de glucosa en sangre.

La realidad es que, según los datos que maneja la propia OMS, el número de personas diabéticas en el mundo va a duplicarse en los próximos años y no parece que las acciones políticas y los consejos dietéticos vertidos por las instituciones hayan mejorado la salud de las personas.

Son insulinogénicos y elevan los niveles de azúcar en sangre

Ferland, Brassard et al. investigaron el efecto del aspartamo en los niveles sanguíneos de glucosa en diabéticos tipo 2 [6]. El desayuno endulzado con aspartamo indujo una subida en los niveles de azúcar e insulina similares a los de la comida endulzada con azúcar. Corkey y colegas encontraron en ratas que el consumo de sucralosa, aspartamo y sacarina aumentan la secreción de insulina [7]. Lo mismo se ha encontrado con Acesulfame K [8]. En la Convención anual de la Asociación Americana de Diabetes, se presentó recientemente un estudio en el que se muestra que casi el 70% de los ratones que consumieron aspartamo en su dieta desarrollaron hiperglicemia en pocas semanas, más del doble que los ratones que consumieron comida sin aspartamo. Y epidemiológicamente, Nettleton et al. encontraron que las personas que consumen un refresco light diario tienen un riesgo un 67% mayor de padecer diabetes [9].

El estímulo constante de insulina provoca que las celulas se desensibilicen regulando a la baja los receptores insulinodependientes de sus membranas necesitándose cada vez más insulina para captar el azúcar de la sangre y meterlo en las células donde se almacena o se quema para obtener energía. A partir de la insensibilidad a la insulina, el azúcar permanece más tiempo en sangre y se produce una condición muy tóxica para el organismo llamada hiperglicemia. El azúcar en sangre es altamente tóxico, genera una sobreproducción de especies reactivas de oxígeno (ROS) y desencadena un proceso en las células con las que va entrando en contacto llamado glicación (adherencia de la glucosa provocando disfunción en las proteínas de las células con las que reacciona). Este proceso ocurre con las proteínas que transportan el colesterol, con las proteínas que forman los nervios, con aquellas que forman los glomérulos de los riñones, las que forman el cristalino de los ojos, etc. La sangre se espesa por la formación de hemoglobina glicosilada y los pequeños capilares se obstruyen provocando anoxia en las células. La glicosilación de proteinas también afecta a las placas de ateroma, que crecen por adherencia con estas. La secreción constante de insulina que va creciendo a medida que aumenta la insensibilidad, estimula la adiposidad y la liberación de citoquinas proinflamatorias. La hiperinsulinemia se ha relacionado con presión arterial elevada, aumento de las VLDL, disminución del HDL, formación de aterosclerosis y con isquemia cardíaca.

Toda esta espiral metabólica crece como una bola de nieve: la exposición a la insulina constante genera resistencia a la insulina y el cuerpo trata de hacer frente a esa resistencia a la insulina tratando de señalizar a las células con un mayor aporte de insulina. Esta situación desemboca en síndrome metabólico (hipertrigliceridemia, hipertensión, disminución HDL, hiperinsulinemia, hiperglicemia) y finalmente, diabetes. Las personas con diabetes tienen hasta un riesgo 800% mayor de padecer un ataque al corazón según se desprende de estudios en distintas cohortes. Más que respuestas, me surgen dos preguntas:

¿Por qué se ponen en el mercado, bajo consejo médico, sustancias cuyos efectos sobre la fisiología desconocemos profundamente? ¿Por qué han estado los médicos y nutricionistas recomendando a los diabéticos algo que puede estimular la glicemia y ser genotóxico? Basados en 4 estudios en ratas convenientemente financiados por G. D. Searle & Company   (ahora Monsanto). Y más importante: ¿De dónde diablos salen las recomendaciones cuando existe una falta apabullante de evidencia clínica solvente en humanos?

Diabetes

Adicción al dulce y respuestas neurológicas: fase cefálica y el link hacia la obesidad

El sabor dulce, sea calórico o no, aumenta la sensación de hambre y estimula el apetito. Un endulzamiento más potente, como el que producen los edulcorantes, puede generar mayor adicción. Black RM. demostró que el agua endulzada con aspartamo incrementa el apetito en adultos normopeso [10], y por otro lado, también se ha mostrado que puede aumentar el apetito en mayor medida que la glucosa [11]. El deseo de comer es inducido mediante mecanismos de recompensa neurofisiológica, similar a los del sexo o las drogas [1213,14]. De hecho, la recompensa neurológica ante el sabor dulce es incluso más potente que la de la cocaína en estudios realizados en ratas [15]. La vía gustativa es percibida por los receptores gustativos en la lengua y asciende hacia el tálamo, puerta integradora sensitiva hacia el cerebro, y finalmente es analizada en el cortex orbitofrontal y el sistema límbico. Tanto el azúcar como los edulcorantes activan el sistema de recompensa que pone en marcha el sabor dulce, pero en el caso de los edulcorantes, no se activa consecuentemente el sistema de saciedad (disminución de la actividad hipotalámica), que permanece activa dirigiendo la actividad conductual hacia la obtención de comida [16]. Se ha visto además que las personas obesas tienen una disrupción neuroendocrina, con una sobreactivación en las áreas mesolímbicas, cortex gustatorio y regiones somatosensoriales que codifican el valor hedónico de la comida, tanto anticipatorio como consumatorio [17]. Es interesante reseñar que la exposición repetida a un tipo de sabor, predispone a su posterior preferencia[18], por lo que el incremento del consumo de dulces aumenta la preferencia por el dulce y su consumo, especialmente debido a su alto valor hedónico, esto se convierte en un círculo vicioso.

Edulcorantes y aditivos artificiales: ausencia de toxicidad no implica inocuidad

Los estudios de toxicidad tienen por objeto determinar los efectos de una dosis única y muy elevada de una sustancia. El estudio termina cuando se alcanza la dosis que provoca la muerte de los animales determinando el DL50 (dosis que mata al 50% de los animales). Los estudios de toxicidad aguda duran hasta 14 días, y los de toxicidad crónica 6 meses o un año.

Sin embargo, la toxicidad no estudia exposiciones prolongadas a dosis bajas consideradas toxicológicamente “seguras”. Es importante entender que ausencia de toxicidad no significa inocuidad para el organismo. Un cáncer en un ser humano puede tardar décadas en desarrollarse, desde el inicio de las primeras células tumorales. Un menú del burger con patatas fritas en aceite vegetal barato y refresco no provoca toxicidad, pero esto no lo convierte en inocuo para la salud. La toxicología no es el estudio de los efectos metabólicos en sentido amplio. Por no hablar del tabaco: no es historia antigua, estamos padeciendo las consecuencias de las mentiras disfrazadas de ciencia. Fue el mismo cuento: no existen evidencias de que sea dañino, y para cuando hubo “pruebas”, ya era imparable la muerte de millones de personas en todo el mundo. Posteriormente se demostró que las tabacaleras habían realizado cientos de estudios que ocultaron. No tengo dudas que los estudios sobre edulcorantes que hayan mostrado problemas no se han publicado. Esta es la forma de proceder sistemática de la Big Food y la Big Pharma.

Otra consideración sobre la inocuidad de las sustancias químicas es que éstas se estudian por separado, y esta no es la realidad de nuestra exposición ambiental, que es conjunta a muchas sustancias químicas. En el cordón umbilical de los bebés se han hallado más de 300 sustancias químicas, y eso que ni han tenido tiempo de llegar al mundo todavía. Como “no se sabe” exactamente lo que nos está matando, porque se manifiesta años después como consecuencia de la exposición prolongada a un cóctel de sustancias químicas, pues la conclusión es que no ha sido nadie y que siga la fiesta. ¿En qué se basa en resumidas cuentas la falacia de la industria química, los tecnólogos de los alimentos y la mafia alimentaria? En que si 500 mg de ibuprofeno son seguros, 500 mg de aspirina son seguros, 600 mg de paracetamol son seguros, etc., entonces, ¡tomar todo eso junto es seguro! Lo cual es una afirmación peligrosa, aberrante y fraudulenta.

Otro sesgo fundamental es que los estudios que buscan la verdad científica reciben muchísima menos financiación que los estudios de científicos a sueldo que trabajan para la industria química o alimentaria buscando teledirigidamente las conclusiones que les interesan, por lo que incluso científicamente, es una batalla desigual.

Diabetes, hipertensión, fallo renal, infartos, osteoporosis, y aumento de la mortalidad

Consumir más de un bote de refresco light a la semana se asocia con mayor riesgo de mortalidad, asociación que no encontraron con los refrescos azucarados, ajustados factores de confusión como diabetes e IMC entre otros [19]. Los refrescos light se asocian además con mayor incidencia de hipertensión [20] y diabetes [21]. Las enfermeras del estudio Nurses Health Study que consumían más de 2 refrescos light al día presentablan una incidencia doble de fallo renal [22]. Conclusiones preeliminares de la Conferencia de American Stroke Association 2011 han encontrado mayor riesgo de infarto entre los consumidores de edulcorantes que entre los consumidores de refrescos con azúcar [23]. El estudio Framingham Osteoporosis Study encontró una pobre mineralización ósea entre los consumidores de refrescos de cola light y azucarados en mujeres [24]. Lussi y colegas encontraron una mayor erosión dental entre los consumidores de estos refrescos [25]. Nettleton et al. en el Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis encontraron que la gente que consume al menos un refresco light al día presenta un riesgo un 67% mayor de padecer diabetes, ajustado demográficamente y ponderada la ingesta calórica diaria [9]. Encontraron también mayor perímetro abdominal y mayores niveles de glucosa en sangre. Sin embargo, no puede desestimarse el efecto de causalidad inversa.

Obesidad y refrescos light

Obesidad: mientras más edulcorantes se toman, más gorda está la gente

La epidemiología es contundente: el consumo de edulcorantes no para de aumentar exponencialmente: un 50% desde 1995 hasta 2005. Se ha disminuído el colesterol, la hipertensión, toda la población de riesgo ha sido redirigida hacia una dieta sin azúcar, baja en grasa, sin colesterol, está polimedicada con estatinas, antihipertensivos, y fármacos “cardioprotectores” de todas las clases. Y sin embargo, las enfermedades metabólicas y cardíacas no paran de aumentar.

Fowler (San Antonio Heart Study) encontró en 3682 adultos que beber un refresco al día, incrementa en un 30% las probabilidades de ser obeso, pero lo realmente sorprendente es que si el refresco era light, la probabilidad de padecer sobrepeso y obesidad casi se duplicaba, hasta el 54% en el caso de beber entre 1 y 2 refrescos light diarios [26]. Es interesante este efecto de dosis-respuesta. Lo mismo documentó Stellman en el estudio American Cancer Society con 78694 mujeres que fueron seguidas de forma prospectiva sin ninguna condición preexistente, encontrando tan solo un año después mayor ganancia de peso entre las consumidoras de edulcorantes [27]. Lo mismo se ha hallado con la sacarina en el Nurses Health Study [28]. Blum observa lo mismo en un estudio sobre 164 niños a pesar de una disminución en el total calórico [29].

Fowler en 2011 presentó en las Jornadas Científicas anuales de la Asociación Americana de Diabetes un estudio realizado en 474 participantes seguidos durante 10 años de forma prospectiva. Encontró que los refrescos light estaban asociados con una mayor circunferencia de la barriga (178% mayor), y aquellos que consumieron más de dos refrescos light al día mostraron un aumento del 500% [30]. Este estudio de Fowler apoya un anterior estudio (Baltimore Longitudinal Study of Aging) presentado en la Convención Anual de la Sociedad Endocrina en 2009 [31]. Los consumidores de edulcorantes, a igualdad calórica en la dieta, tienen mayor índice de masa corporal que los no consumidores.

Algunos estudios intervencionales van por la misma línea: los edulcorantes no ayudan a perder peso [32], y el índice de masa corporal no decrece al sustituir durante 25 semanas bebidas azucaradas por bebidas edulcoradas en adolescentes con sobrepeso, excepto en aquellos más obesos [33]. Otro estudio controlado interesante, esta vez en ratas, fue el de Sweathers en Purdue. Administraron a un grupo de ratas yogurt con sacarina o yogurt con glucosa, en dos fases de forma cruzada. Las ratas que menos engordaron de todas las combinaciones resultantes fueron las que ingirieron yogurt con glucosa en la fase I y yogurt con glucosa en la fase II [34].

Sea cual sea la causalidad y la dirección de la asociación, las medidas tomadas no han sido las correctas. ¿En base a qué estudios se permiten afirmaciones tipo “light”, “diet”…?

Hipótesis conductual vs. metabólica

Es posible que, respecto a la obesidad, las personas que se empiezan a ver con sobrepeso se pasen al light, de ahí que se encuentre un mayor número de obesos en consumidores de refrescos con edulcorantes artificiales. Entonces, sería la obesidad la que explica el consumo de bebidas light, y no el consumo de bebidas light el que explica la obesidad. Sin embargo, conductualmente también se podría argumentar lo contrario: la gente cuando empieza a verse gorda restringe más las calorías y tiene mayor tendencia a hacer dietas y tratar de bajar su peso. Además existe otro fenómeno difícil de explicar mediante la conducta: la dosis dependencia (a mayor cantidad de edulcorante en la dieta, mayor peso, en condiciones isocalóricas).

Números E o códigos E

Códigos E: ocultemos a la gente lo que está ingiriendo

Como algunos estudios con edulcorantes revelaron que el asunto era feo, ahí está el gobierno siempre para ayudar a ocultar a los ciudadanos lo que sucede. En lugar de declarar el nombre del aditivo y que la gente tenga información de las sustancias que ingiere para decidir libremente lo que quiere consumir, se le asigna una letra y así uno no se hace más preguntas de las necesarias. Lo mismo ocurre con otros aditivos alimentarios como los potenciadores del sabor, entre ellos el famoso glutamato monosódico (GMS).Varios de los aditivos más comunes inducen obesidad, compulsividad, adicción y ganas de comer [83,84]. Una manera sencilla de aumentar las ventas. De nuevo existe un paralelismo con las sustancias que añaden al tabaco.

 

Aspartamo, Aminosweet o Nutrasweet (E951)

El aspartamo (Nutrasweet y Aminosweet) es un metil ester del dipéptido ácido aspártico (40%), fenilalanina (50%) y metanol (10%). Ambos aminoácidos son neurotóxicos y su desequilibrio crea una disrupción en la neurotransmisión, habiéndose encontrado alteraciones en vías dopaminérgicas, adrenérgicas y noradrenérgicas [35]. De hecho la mayoría de efectos secundarios reportados sobre el aspartamo están relacionados con el sistema nervioso, con desórdenes neurológicos y psicológicos. El otro componente del aspartamo, metanol, puede ser metabolizado en formaldehído, ácido fórmico, dicetopiperazina, y otros metabolitos tóxicos y potencialmente cancerígenos [35].

En ratas, Soffritti et al. demostraron un incremento de tumores malignos, linfomas, leucemias y cancer de mama en niveles cercanos a los tolerables para consumo humano [36]. Se observó necrosis neuronal debida a la exposición al ácido aspártico del aspartamo en ratas [37-39]. En monos, dosis de 3000 mg/kg produjeron daño cerebral irreversible [40], provocando alteraciones con afinidad sobre las aminas biógenas como la noradrenalina y serotonina. Tsakiris concluye que altas concentraciones de los componentes del aspartamo pueden inducir problemas de aprendizaje y memoria [41,42]. Coulombe en 1986 ya encontró alteraciones de las concentraciones de fenilalanina y tirosina en el cerebro, aminoácidos precursores de catecolaminas, alterando las concentraciones de neurotransmisores [43]. Sharma en 1987 encontró también que estos aumentos en el aminoácido fenilalanina pueden ser responsables de un decrecimiento de la absorción de triptófano y su posterior conversión en serotonina [44].

En 2010, Soffritti en exposición prenatal con ratones encontró una incidencia incrementada de carcinomas hepatocelulares y cancer bronquioalveolar [45]. Olney en 1996 describe un aumento en la incidencia de tumores cerebrales y un aumento de su malignidad y los asocia al consumo de aspartamo por contigüidad temporal [46]. Halldorsson T.I. et al. en 2010 encontraron una mayor incidencia de partos prematuros en una cohorte prospectiva entre aquellas mujeres que tomaban refrescos light, y no entre las que tomaban refrescos azucarados [47]. Maher  en 1987 atribuye un efecto neurotóxico mediado por fenilalanina, vía regulación a la baja de neurotransmisores inhibitorios [48].

Sucralosa o Splenda (E955)

Cuando la FDA aprobó la sucralosa como aditivo, solo se habían completado y publicado dos ensayos clínicos en 23 pacientes, durante 4 días, y en relación a su efecto en los dientes, no sobre toxicidad. Abou-Donia et al. en 2008 reportaron que la sucralosa incrementó el peso corporal, disminuyó la flora intestinal beneficiosa, y que puede interferir en la absorción de nutrientes y fármacos [49]. Posteriormente un grupo de expertos de distintas universidades criticaron la calidad metodológica de este estudio. Sasaki en 2002 encontró capacidad clastogénica con dosis (altísimas) de sucralosa en ratas provocando daño en el ADN [50].

Sacarina (E954)

La sacarina es un subproducto derivado de una reacción entre tolueno y ácido clorosulfónico, y posteriormente convertido a sulfonamida con amoniaco, oxidado a ácido benzóico y calentado para formar una imida cíclica. Suena bien, ¿verdad? Este componente no se metaboliza tras su ingesta, eliminándose a través de la vejiga por la orina. A su paso por estos tejidos puede dejar efectos notables: Arnold  D.L. en 1983 encontró cáncer de vejiga en ratas a las que administró sacarina [51,52].

Bandyopadhyay en 2008 reporta clastogenicidad (mutaciones de ADN) tras la exposición de cultivos en laboratorio con sacarina [53]. El estudio WARF en 1974 encontró un incremento dosis dependiente de la incidecincia de cancer uterino y de ovario [54], corroborado en una revisión de National Academy of Sciences en 1978 [55]. Chowaniec et al. y el Instituto Nacional de Ciencias de la Higiene de Tokyo encontraron tumores en distintos órganos en ratones en un estudio de 21 meses con dosis de 0,2% [55,56]. Prosad y Rai documentaron tumores tiroideos [57,58].

Los estudios epidemiológicos en humanos muestran una constante asociación con cáncer de vejiga. Sturgeon et al. en Estados Unidos [59], Howe et al. en Canadá [60], Cartwright en Reino Unido [61], Mommsen en Dinamarca [62] y Morrison [63]. También West, Sheldon et al. en 1986 encontraron mayores tasas de cáncer de vejiga [64].

Acesulfame K (E950)

Mukherjee en 1997 demostró con dosis establecidas como no tóxicas genotoxicidad in vivo en mamíferos [65]. Liang en 1987 reportó que el efecto sobre la insulina del Acesulfamo K era similar al provocado por la misma dosis de glucosa [8].

Stevia y glucósidos de esteviol (E960)

Sobre la Stevia se han realizado varios estudios y se han descrito efectos antidiabéticos y antihipertensivos entre otros. En una revisión de 2008, 14 de los 16 estudios no encontraron actividad genotóxica de los esteviosidos, y 11 estudios de 15 no encontraron genotoxicidad del esteviol [66]. No existe evidencia sobre cáncer. Otros estudios encontraron que la Stevia mejora la sensibilidad insulínica en ratas. En humanos se ha demostrado que reduce la tensión arterial, mientras que otros no encontraron este efecto. [66-71]

Ahora viene lo mejor: ¡La Stevia, el único edulcorante con posibles efectos beneficiosos para la salud sí que fue prohibida por la FDA! Porque como no es una sustancia química que se pueda patentar y monopolizar a nivel mundial y supone una competencia a los edulcorantes cuya producción pertenece a la industria química que también controla los pesticidas, etc. ¡Que majos!

Por ello debemos diferenciar la planta de la Stevia y sus derivados de los glucósidos de esteviol que si están permitidos por la FDA y en la UE. Los productos que encontramos en nuestro mercado de Stevia, sólo tienen entre un 1-5% de glucósidos de esteviol (principio activo responsable del dulzor de la Stevia).

En cambio, esta planta se viene consumiendo desde hace más de 40 años en Japón como sustituto del azúcar convencional. Hoy en día, el consumo de Stevia viene cobrando fuerza y se expande. Ha sido aprobado en China, Corea del Sur, Taiwán y Malasia, entre muchos otros países asiáticos, así como gran parte de Latinoamérica (Brasil, Paraguay, Argentina y por supuesto, Perú), presentándose como una gran alternativa para pacientes diabéticos y personas que buscan perder peso y cuidar su salud en general.

Chicle sin azúcar

Polialcoholes: Xilitol, Maltitol, Sorbitol, Manitol, etc.

Son químicamente parecidos a los carbohidratos, pero no son metabolizados por las bacterias de la boca, de ahí su presencia en chicles, caramelos, etc. En general son un 40% menos calóricos que el azúcar, pero también, excepto el xilitol y pocos más, tienen un poder endulzante de aproximadamente la mitad que el azúcar, por lo que no son tan utilizados como los edulcorantes no calóricos altamente endulzantes. El cuerpo no los absorbe completamente, por lo que pueden dar síntomas gastrointestinales. No existen muchos estudios sobre estas sustancias. En 2010, Piscitelli documenta que produce fallo hepático en perros, quizás específico de su metabolismo [72]. Respecto al maltitol, Canimoglu en 2006 observó en el laboratorio que es ligeramente genotóxico en linfocitos [73]. Sobre el sorbitol y manitol estudios en humanos hasta 40 gramos causaron efectos gastrointestinales menores [74-76]. Más información, en “La guía de los polialcoholes o alcoholes de azúcar“.

Fructosa

La fructosa no es un edulcorante artificial, es un monosacárido utilizado para sustituir los azúcares que se usa por su bajo coste y por tener mayor capacidad endulzante que esta última (sobre todo acompañada de edulcorantes). Al ser menos insulinogénica que la glucosa (unas cuatro veces menos), se usó como recomendación para diabéticos como una posible alternativa más saludable. Sin embargo, los índices glucémicos o las cargas glucémicas no son medidas muy precisas del impacto metabólico de los carbohidratos o del efecto sobre la salud en general. Sullivan en 1991 comparó el efecto de complementar el desayuno con un zumo de naranja o un refresco azucarado (Coca-Cola). Encontró que ambos aumentaban la glicemia de forma similar, poniendo en duda la conveniencia de recomendar el consumo de zumos de frutas debido a que contribuyen al aumento de la glicemia [77]. Metabólicamente la fructosa causa un aumento rápido de los niveles de ácido úrico, aumenta el nivel de colesterol LDL [78] y disminuye los niveles de óxido nítrico (neurotransmisor que regula la dilatación endotelial), provocando rigidez, y quedando los capilares progresivamente sin aporte sanguíneo y las células que dependen de ellos sin suministro, lo que se traduce de nuevo en una disfunción en la oxigenación. La fructosa produce una sobreproducción de triglicéridos, por encima de la glucosa [79,80]. Además se asocia a menor saciedad y mayor lipogénesis que otros azúcares. Epidemiológicamente el aumento en el consumo de fructosa se correlaciona con un aumento del síndrome metabólico. Hosseini Estefahani et al. en 2011 observaron que la fructosa se correlaciona positivamente con mayor incidencia de diabetes entre la población que la consume [81]. La fructosa, a diferencia de la glucosa, se metaboliza enteramente en el hígado, lo que puede crear un sobreesfuerzo metabólico en este órgano. Jung Sub Lim (Nature 2010) encuentra mecanismos que relacionan la fructosa con el desarrollo de hígado graso y el síndrome metabólico [82].

Conclusión

Se ha seguido el consejo médico y de las asociaciones dietéticas: se ha disminuído el consumo de tabaco radicalmente, el colesterol, la hipertensión, toda la población de riesgo ha sido redirigida hacia una dieta sin azúcar, baja en grasa, está polimedicada con estatinas, antihipertensivos, y fármacos “cardioprotectores” de todas las clases. Y sin embargo, a pesar de las promesas de la medicina, las enfermedades crónicas metabólicas siguen aumentando exponencialmente, paralelamente a la dieta industrial que consumimos y que considero la causa de todos los males, formada por:

  • Pesticidas y residuos de metales pesados en la agricultura, pesca y ganadería.
  • Aditivos alimentarios.
  • Procesamiento térmico e industrial de la comida.
  • Antibióticos y hormonas sintéticas.
  • Exceso de hidratos de carbono en conjunto y calorías baratas provenientes del azúcar y grasas vegetales.
  • Exposición excesiva a sustancias químicas y radiaciones.
  • Alteraciones psíquicas y emocionales, agravadas e inducidas por esta nutrición tóxica.

No voy a señalar a un ingrediente concreto y hacer demagogia recomendando uno u otro. En conjunto, la exposición a todas estas sustancias de forma crónica a lo largo de nuestras vidas deja un panorama claro. Recomiendo a su vez reducir el consumo de dulces. Científicamente es casi imposible aislar la causalidad de la cronicidad fisiológica subclínica que nos enferma, y la industria se escuda en esta dificultad de establecer pruebas científicas absolutas para seguir vendiendo sustancias tóxicas y comida degradada. El quid de la cuestión es que no sabemos ni lo que echan en nuestra comida. Llevamos una dieta en su conjunto extremadamente tóxica y no somos conscientes de ello. Más importante que lo que se ha publicado, es lo que se ha ocultado, incluyendo delitos y fraudes documentales con la FDA de por medio, estudios de bioconsultores no publicados y un largo etcétera. El comisario de la FDA que consiguió la autorización del aspartamo para uso alimenticio fue Arthur Hayes, posteriormente acusado de haber aceptado sobornos de Searle (ahora Monsanto). Posteriormente, el Dr. Arthur Hull Hayes fue contratado por esta misma empresa donde presta sus servicios actualmente.

Quien tenga interés en saber de primera mano la opinión de los científicos que elaboraron informes sobre seguridad de estos componentes antes de su aprobación, puede ver este documental (que ha sido borrado varias veces, Dulce miseria. Un mundo envenenado)

Quien quiera saber qué es Monsanto y la dimensión de a lo que nos estamos enfrentando:

Os dejo con las profundas reflexiones del Dr. Dukan sobre la Coca-Cola Light:

En cuanto a los refrescos light, los considero grandes aliados en la lucha contra el sobrepeso […] No obstante, la Coca-Cola Light lidera indiscutiblemente el mercado. Yo no sólo la autorizo, sino que la aconsejo. Su sabor dulce, su alta concentración aromática, su color, su burbujeo y la imagen de bebidas festivas se asocian para convertirlas en alimentos gratificantes con una intensa acción sensorial, que calman las ganas de “otra cosa” tan habituales en las personas que siguen un régimen sin poder dejar de picar.

Es decir, expone, con una carencia absoluta de argumentos científicos, todo lo contrario que concluyen todos los estudios clínicos, epidemiológicos, de laboratorio y en modelos animales. La recomendación especial de beber Coca-Cola Light pone al descubierto una ignorancia sonrojante sobre este tema. Además del efecto de los edulcorantes, el colorante de los refrescos de cola es derivado de reacciones con amoniaco y sulfitos, cuyos metabolitos está demostrado de forma controlada que causan cáncer de pulmón, de hígado, de tiroides y leucemia. Podéis ver aquí un informe remitido a la FDA: Experts Letter Caramel Coloring (PDF)

Y una última frase:

En mi opinión, pero más importante aún, según las autoridades europeas y los gobiernos de todos los países del mundo, no hay motivo alguno para prohibirlo.

¡Ah bueno, si el gobierno dice que no pasa nada, ya me quedo más tranquilo! ¿Sabéis quién era director ejecutivo de G. D. Searle & Company (Monsanto) en los años en los que se aprobó su producto estrella el aspartamo? Donald Rumsfeld, también implicado con un conocido laboratorio para combatir la famosa gripe aviar (a saber…), y famoso Secretario de Defensa en la administración Bush y pieza clave de las armas de destrucción masiva que de nuevo se inventaron para organizar la invasión de Irak.

Sí, me quedo mucho más tranquilo.

Artículo original: Muscleblog (Alfonso Bordallo)

Referencias

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  1. Eguzki

    Te pasaste, Muscleblog!

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